Hay personas que no buscan simplemente hacer las cosas bien.
Necesitan hacerlas perfectamente.
Revisan varias veces un trabajo antes de entregarlo. Dan vueltas durante horas a una conversación porque creen que podrían haber dicho algo diferente. Posponen decisiones porque todavía no están completamente seguros.
Y cuando finalmente consiguen algo, en lugar de disfrutarlo, encuentran aquello que podrían haber hecho mejor.
Desde fuera puede parecer responsabilidad, ambición o atención al detalle.
Por dentro, sin embargo, puede existir algo mucho más agotador: el miedo constante a equivocarse.
¿Qué es realmente el perfeccionismo?
El perfeccionismo no consiste simplemente en querer hacer bien las cosas.
Tener estándares elevados, esforzarnos y querer mejorar puede ser perfectamente saludable.
El problema aparece cuando esos estándares se vuelven rígidos y nuestro bienestar empieza a depender de cumplirlos.
Ya no pensamos:
«Me gustaría hacerlo muy bien.»
Sino:
«Tiene que salir bien.»
Y detrás puede aparecer otra idea todavía más profunda:
«Si fallo, significa algo sobre mí.»
En ese momento, el resultado deja de ser simplemente un resultado. Se convierte en una evaluación de nuestro propio valor.
Perfeccionismo y autoexigencia: ¿son lo mismo?
Están estrechamente relacionados, pero no son exactamente lo mismo.
La autoexigencia tiene que ver con las demandas que nos imponemos: hacer más, rendir más, aprovechar mejor el tiempo o alcanzar determinados objetivos.
El perfeccionismo añade una especial dificultad para aceptar que algo pueda contener errores, imperfecciones o resultados inferiores a los esperados.
Por eso, si todavía no lo has leído, puede interesarte Autoexigencia: cuando nada de lo que haces parece suficiente.
Ambos pueden terminar alimentándose mutuamente.
Cuanto más nos exigimos, menos toleramos fallar.
Y cuanto menos toleramos fallar, más necesitamos exigirnos.
¿Por qué me afecta tanto equivocarme?
Esta es probablemente una pregunta más importante que preguntarnos simplemente si somos perfeccionistas.
¿Qué significa para mí cometer un error?
Dos personas pueden cometer exactamente el mismo fallo.
Una puede pensar:
«Bueno, la próxima vez intentaré hacerlo de otra manera.»
Mientras otra piensa:
«Soy un desastre.»
El acontecimiento puede ser parecido.
La interpretación es completamente diferente.
Cuando nuestra autoestima está demasiado vinculada al rendimiento, el error puede sentirse como una amenaza personal.
Ya no pensamos únicamente que hemos hecho algo mal.
Podemos empezar a sentir que hay algo malo en nosotros.
Si quieres comprender mejor esta relación, puedes leer ¿Qué es la autoestima y por qué influye tanto en tu vida?
Señales de un perfeccionismo excesivo
El perfeccionismo puede manifestarse de formas diferentes. Algunas señales frecuentes son:
- Te cuesta dar algo por terminado.
- Revisas repetidamente tu trabajo.
- Los pequeños errores te afectan mucho.
- Pospones tareas porque quieres hacerlas perfectamente.
- Te cuesta delegar.
- Una crítica puede hacerte cuestionar todo lo que has hecho.
- Minimizas tus logros.
- Siempre encuentras algo que podrías haber hecho mejor.
- Te comparas con personas que consideras más exitosas.
- Evitas algunas situaciones si existe riesgo de fracasar.
- Te cuesta descansar cuando todavía quedan cosas pendientes.
Pero existe una consecuencia del perfeccionismo que puede resultar sorprendente.
A veces querer hacerlo todo perfectamente consigue que no hagamos nada.
Perfeccionismo y procrastinación
Imagina que quieres comenzar un proyecto.
Quieres hacerlo bien.
Así que buscas información.
Planificas.
Preparas.
Revisas.
Esperas al momento adecuado.
Pero nunca parece estar suficientemente preparado.
Entonces lo pospones.
No necesariamente porque seas perezoso.
A veces procrastinar permite evitar temporalmente algo mucho más incómodo: la posibilidad de fracasar.
Mientras no lo intentes, tampoco tendrás que descubrir si eres capaz de hacerlo tan bien como esperabas.
Por eso, detrás de algunas formas de procrastinación puede existir un importante miedo al error.
El perfeccionismo también aparece en las relaciones
No solo buscamos perfección en el trabajo o los estudios.
También podemos exigirnos ser:
La pareja perfecta.
El padre perfecto.
El amigo perfecto.
La persona que siempre sabe qué decir.
La que nunca decepciona.
La que siempre está disponible.
La que puede con todo.
Pero ninguna persona puede cumplir permanentemente esas expectativas.
Cuando inevitablemente fallamos, puede aparecer culpa, inseguridad o miedo a que los demás cambien la imagen que tienen de nosotros.
Aquí el perfeccionismo puede relacionarse con la necesidad de aprobación de los demás.
¿De dónde viene el perfeccionismo?
No existe una única causa.
En algunas personas encontramos entornos donde los resultados recibían mucha importancia.
En otras, críticas frecuentes.
Comparaciones.
Expectativas familiares elevadas.
Experiencias de rechazo.
O haber aprendido que destacar era una forma de recibir reconocimiento.
También puede ocurrir que la perfección proporcione cierta sensación de control:
«Si hago todo correctamente, nada malo ocurrirá.»
El problema es que la vida contiene inevitablemente incertidumbre.
Por mucho que planifiquemos, revisemos o intentemos hacerlo todo bien, nunca podremos controlar completamente lo que sucede.
Perfeccionismo y miedo a la crítica
Cuando necesitamos hacerlo todo perfectamente, una crítica puede resultar especialmente dolorosa.
La otra persona puede estar diciendo:
«Esta parte podría mejorarse.»
Pero nosotros podemos escuchar:
«No eres suficientemente bueno.»
Entonces damos vueltas durante horas a lo ocurrido.
Nos defendemos.
Intentamos demostrar inmediatamente que somos capaces.
O recordamos durante días aquello que hicimos mal.
La crítica ha dejado de afectar únicamente a nuestro trabajo.
Ha tocado nuestra propia valoración.
¿Cómo empezar a trabajar el perfeccionismo?
El objetivo no consiste en empezar a hacer las cosas mal.
Tampoco en abandonar tus objetivos.
Se trata de recuperar algo fundamental: flexibilidad.
Aprende a buscar lo suficientemente bueno
No todas las tareas necesitan un diez.
Algunas cosas necesitan estar muy bien.
Otras simplemente necesitan estar bien.
Y algunas únicamente necesitan estar hechas.
Antes de comenzar algo puedes preguntarte:
«¿Qué resultado sería suficientemente bueno en esta situación?»
Reduce las comprobaciones
Si normalmente revisas un correo cinco veces, prueba a revisarlo dos.
Si vuelves constantemente sobre un trabajo terminado, decide previamente cuándo vas a considerarlo finalizado.
El objetivo es aprender progresivamente que cierta incertidumbre puede tolerarse.
Permítete pequeñas imperfecciones
No podemos aprender a tolerar los errores intentando evitar todos los errores.
Permitir pequeñas imperfecciones puede ayudarnos a comprobar algo importante:
podemos equivocarnos y seguir estando bien.
Observa cómo te hablas cuando fallas
Quizá el problema principal no sea cometer errores.
Quizá sea lo que ocurre después.
«Qué inútil.»
«Siempre igual.»
«Debería haberlo sabido.»
Pregúntate:
¿Hablaría así a otra persona que hubiera cometido exactamente el mismo error?
Muchas veces descubrimos que ofrecemos a los demás una comprensión que nos negamos a nosotros mismos.
Aceptar la imperfección no significa conformarse
Este es uno de los grandes temores de las personas perfeccionistas.
«Si dejo de exigirme tanto, acabaré siendo mediocre.»
Pero existe un espacio enorme entre perseguir obsesivamente la perfección y dejar de esforzarnos.
Podemos querer hacer las cosas bien.
Aprender.
Mejorar.
Ser ambiciosos.
Y al mismo tiempo aceptar que somos seres humanos que se equivocan.
Una autoestima más estable permite precisamente separar ambas cosas: querer mejorar sin necesitar ser perfecto para sentir que tenemos valor.
Puedes profundizar en ello en Cómo mejorar la autoestima.
¿Cómo puede ayudarte la terapia?
Cuando el perfeccionismo lleva muchos años presente, puede haberse convertido en una forma habitual de relacionarte contigo mismo.
En terapia podemos explorar qué existe detrás de esa necesidad de hacerlo todo bien.
Miedo a fracasar.
Miedo a decepcionar.
Necesidad de reconocimiento.
Dificultad para tolerar la incertidumbre.
Autoestima vinculada al rendimiento.
El objetivo no es eliminar tus ganas de mejorar.
Es conseguir que puedas seguir creciendo sin sentir que cada error pone en cuestión quién eres.
Puedes conocer más sobre cómo trabajo estos procesos en mi página de Psicólogo para autoestima en Vitoria.
No necesitas hacerlo perfecto para que tenga valor
Siempre habrá algo que podría haberse hecho mejor.
Una frase diferente.
Una decisión más acertada.
Un detalle que cambiaríamos.
Si esperamos alcanzar la perfección para sentirnos satisfechos, probablemente la satisfacción nunca llegue.
A veces avanzar implica aceptar una frase mucho más sencilla:
No es perfecto. Pero es suficiente.
Si el perfeccionismo, el miedo a equivocarte o la sensación constante de no estar a la altura están condicionando tu bienestar, podemos trabajarlo juntos.