Terminas algo importante y, durante unos minutos, sientes alivio.
Has conseguido aquello por lo que llevabas semanas esforzándote.
Pero enseguida aparece otro pensamiento:
«Podría haberlo hecho mejor.»
O quizá ni siquiera te permites disfrutarlo porque tu cabeza ya está pensando en el siguiente objetivo.
Desde fuera puedes parecer una persona responsable, trabajadora o ambiciosa. Incluso es posible que los demás admiren tu capacidad para conseguir cosas.
Pero por dentro la experiencia puede ser muy diferente.
La sensación de estar permanentemente a examen.
De no poder bajar el ritmo.
De que equivocarte no es simplemente cometer un error, sino demostrar que no eres suficientemente bueno.
Cuando ocurre esto, la autoexigencia deja de ayudarnos a crecer y empieza a convertirse en una fuente de sufrimiento.
¿Qué es la autoexigencia?
Exigirnos ciertas cosas no es necesariamente negativo.
Tener objetivos, esforzarnos y querer mejorar puede ayudarnos a crecer.
El problema aparece cuando nuestros estándares son tan elevados o rígidos que prácticamente nunca podemos sentir que hemos hecho suficiente.
Entonces el pensamiento deja de ser:
«Quiero hacerlo bien.»
Y empieza a parecerse más a:
«Tengo que hacerlo bien para poder estar tranquilo conmigo mismo.»
Esa diferencia es importante.
Porque ya no estamos hablando únicamente de rendimiento.
Estamos hablando de valor personal.
Cuando tu valor depende de lo que consigues
Algunas personas aprenden, de manera más o menos consciente, a relacionar su valor con sus resultados.
Ser buen estudiante.
Ser competente en el trabajo.
No cometer errores.
Estar siempre disponible.
Ser una buena pareja.
Tener éxito.
Cumplir expectativas.
Mientras todo sale bien puede parecer que el sistema funciona.
El problema aparece cuando algo falla.
Una crítica.
Un suspenso.
Un error laboral.
Una relación que termina.
Un objetivo que no conseguimos.
Entonces no pensamos simplemente:
«Esto ha salido mal.»
Pensamos:
«Yo soy el problema.»
Aquí la autoexigencia empieza a relacionarse estrechamente con la autoestima. Si te ocurre, puede interesarte leer Señales de una baja autoestima.
El ciclo de la autoexigencia
La autoexigencia puede funcionar como una rueda difícil de detener:
Objetivo → esfuerzo intenso → logro → alivio breve → nuevo estándar → nueva exigencia.
Consigues algo.
Pero en lugar de integrarlo como un logro, tu mente cambia rápidamente el criterio.
«Sí, pero tampoco era tan difícil.»
«Cualquiera podría haberlo hecho.»
«Ahora tengo que conseguir lo siguiente.»
El resultado es paradójico.
Puedes conseguir muchas cosas y, al mismo tiempo, vivir con la sensación permanente de que nunca haces suficiente.
Señales de una autoexigencia excesiva
Puede que la autoexigencia esté empezando a perjudicarte si:
- Te cuesta sentir satisfacción por tus logros.
- Siempre piensas que podrías haber hecho más.
- Los errores te generan una crítica interna muy intensa.
- Descansar te produce culpa.
- Te cuesta delegar porque prefieres hacerlo tú.
- Necesitas sentir que estás siendo productivo.
- Te comparas frecuentemente con personas que consideras más exitosas.
- Te cuesta reconocer tus propios límites.
- Un resultado mediocre afecta mucho a cómo te valoras.
- Sientes que bajar el ritmo significa fracasar.
La cuestión no es cuánto haces.
La cuestión es qué ocurre dentro de ti cuando no consigues hacerlo.
¿De dónde viene tanta exigencia?
No existe una única explicación.
En algunas personas encontramos entornos familiares donde se valoraban especialmente los resultados.
En otras, críticas frecuentes.
Comparaciones.
Expectativas muy elevadas.
Experiencias de rechazo.
O la sensación de que destacar era una forma de recibir reconocimiento.
También puede ocurrir algo aparentemente diferente: haber vivido situaciones impredecibles y aprender que hacerlo todo perfectamente proporciona cierta sensación de control.
Con el tiempo podemos interiorizar aquellas expectativas.
Ya no necesitamos que nadie nos diga:
«Deberías hacerlo mejor.»
Porque hemos aprendido a decírnoslo nosotros mismos.
Autoexigencia y necesidad de aprobación
A veces no buscamos únicamente hacerlo bien.
Buscamos lo que ocurre después.
Que nos reconozcan.
Que estén orgullosos.
Que nos valoren.
Que nadie pueda criticarnos.
El rendimiento se convierte entonces en una manera de asegurar nuestra posición frente a los demás.
Por eso la autoexigencia puede estar relacionada con la necesidad de aprobación.
Cuanto más depende nuestro valor de cómo nos perciben los demás, más difícil resulta permitirnos fallar.
¿Por qué descansar puede generar culpa?
Este es uno de los signos más interesantes de la autoexigencia.
Objetivamente sabes que necesitas descansar.
Pero cuando paras aparece inquietud.
«Estoy perdiendo el tiempo.»
«Debería estar haciendo algo.»
«Hoy no he aprovechado el día.»
Es como si descansar tuviera que ser merecido.
Y siempre quedara algo pendiente antes de poder merecerlo.
El problema es que la lista nunca termina.
Autoexigencia y ansiedad
Vivir permanentemente intentando cumplir estándares muy elevados puede mantener al organismo en un estado constante de tensión.
Siempre existe algo que mejorar.
Algo que terminar.
Algo que podría salir mal.
La preocupación puede convertirse en una estrategia para intentar anticiparnos a cualquier error.
Y la ansiedad termina siendo el precio que pagamos por intentar tener todo bajo control.
¿Autoexigencia y perfeccionismo son lo mismo?
Están muy relacionados, pero no son exactamente lo mismo.
La autoexigencia hace referencia a los estándares y demandas que imponemos sobre nosotros mismos.
El perfeccionismo añade frecuentemente la necesidad de alcanzar resultados extremadamente elevados y una especial dificultad para tolerar los errores.
Una persona puede ser muy autoexigente sin buscar literalmente la perfección.
Pero ambas dinámicas suelen alimentarse.
En el siguiente artículo profundizaremos precisamente en perfeccionismo y miedo a equivocarse.
¿Cómo empezar a reducir la autoexigencia?
No se trata de dejar de tener objetivos.
Ni de conformarse.
Ni de abandonar aquello que te importa.
Se trata de conseguir que tus objetivos dejen de funcionar como un tribunal que decide cuánto vales.
Observa tus “debería”
«Debería estar más avanzado.»
«Debería poder con esto.»
«Debería aprovechar mejor el tiempo.»
Pregúntate de dónde procede realmente esa norma.
¿Es tuya?
¿Es realista?
¿Se la exigirías también a otra persona?
Aprende a reconocer cuándo algo es suficiente
No todo necesita convertirse en tu mejor trabajo.
Hay cosas que necesitan estar muy bien.
Otras simplemente necesitan estar bien.
Y algunas únicamente necesitan estar hechas.
Separa resultado de identidad
Fracasar en algo no te convierte en un fracaso.
Cometer un error no significa ser incompetente.
Un resultado proporciona información sobre algo que ocurrió.
No una definición completa de quién eres.
Practica reconocer lo conseguido
Antes de pasar inmediatamente al siguiente objetivo, detente.
¿Qué has conseguido?
¿Qué has aprendido?
¿Qué esfuerzo hubo detrás?
Aprender a reconocer nuestros avances también forma parte de mejorar la autoestima.
La alternativa a la autoexigencia no es la mediocridad
Este suele ser uno de los grandes miedos.
«Si dejo de exigirme, me volveré conformista.»
Pero existe un espacio enorme entre machacarnos constantemente y dejar de esforzarnos.
Podemos querer mejorar sin despreciarnos cuando fallamos.
Podemos tener ambición sin convertir cada resultado en una evaluación de nuestro valor.
Podemos trabajar duro y también descansar.
La motivación no necesita proceder siempre del miedo a no ser suficiente.
¿Cómo puede ayudarte la terapia?
Cuando la autoexigencia lleva muchos años formando parte de nuestra identidad, simplemente decirnos «tengo que exigirme menos» suele servir de poco.
En terapia podemos explorar qué función ha tenido esa exigencia.
Qué intentas evitar cuando necesitas hacerlo todo bien.
Qué ocurre emocionalmente cuando fallas.
Qué relación existe entre rendimiento, aprobación y autoestima.
Y cómo construir una forma de exigirte que te permita avanzar sin vivir permanentemente en guerra contigo mismo.
Puedes conocer cómo trabajo estos procesos en mi página de Psicólogo para autoestima en Vitoria.
No necesitas demostrar constantemente que eres suficiente
Quizá la autoexigencia te haya ayudado a conseguir muchas cosas.
Pero también puede haberte enseñado que nunca tienes permiso para parar.
Que cada logro necesita otro logro.
Y que tu valor siempre está condicionado a lo siguiente que consigas.
Trabajar la autoestima no significa renunciar a tus objetivos.
Significa poder perseguirlos sin que toda tu identidad dependa del resultado.
Si sientes que la autoexigencia, la culpa al descansar o la sensación permanente de no hacer suficiente están condicionando tu bienestar, podemos trabajarlo juntos.