Hay personas que pueden recibir diez muestras de cariño y quedarse pensando únicamente en aquella persona que no respondió como esperaban.
Un mensaje que tarda en llegar.
Una mirada diferente.
Una invitación que no recibimos.
Una crítica.
Alguien que parece más distante.
A veces basta una pequeña señal para que aparezca una pregunta:
«¿He hecho algo mal?»
Y detrás de ella puede esconderse otra todavía más dolorosa:
«¿Y si no soy suficiente para que me quieran?»
Sentir rechazo duele. Es humano.
El problema aparece cuando el miedo a ser rechazados empieza a condicionar nuestra manera de vivir, relacionarnos y mostrarnos ante los demás.
¿Qué es el miedo al rechazo?
El miedo al rechazo es la preocupación intensa ante la posibilidad de no ser aceptados, valorados o queridos por otras personas.
Todos podemos sentirlo en determinados momentos.
Una entrevista de trabajo.
Una primera cita.
Expresar nuestros sentimientos.
Entrar en un grupo nuevo.
El problema no está en sentir cierto temor.
Aparece cuando organizamos nuestro comportamiento alrededor de evitarlo.
Entonces podemos empezar a callarnos.
A agradar.
A adaptarnos.
A no poner límites.
A evitar situaciones.
O incluso a alejarnos antes de que alguien tenga la oportunidad de rechazarnos.
Paradójicamente, intentando protegernos del rechazo podemos acabar renunciando a mostrarnos tal y como somos.
¿Por qué nos duele tanto sentirnos rechazados?
Los seres humanos necesitamos vínculos.
Desde nuestros primeros años dependemos de otras personas para sentir seguridad, protección y pertenencia.
Por eso la aceptación social no es algo completamente superficial.
Sentir que pertenecemos importa.
Pero nuestras experiencias también influyen en cómo interpretamos el rechazo.
Haber recibido críticas frecuentes, sentir que teníamos que cumplir determinadas expectativas para ser valorados, experiencias de exclusión o relaciones afectivas difíciles pueden contribuir a que desarrollemos una especial sensibilidad ante la posibilidad de no ser aceptados.
Entonces situaciones relativamente ambiguas pueden empezar a interpretarse como señales de rechazo.
Cuando interpretamos demasiado
Imagina que escribes a alguien y tarda varias horas en responder.
Existen muchas explicaciones posibles.
Está trabajando.
No ha visto el teléfono.
Está cansado.
Tiene otras cosas que hacer.
Pero cuando existe miedo al rechazo, nuestra mente puede elegir rápidamente otra explicación:
«Está perdiendo el interés.»
Entonces aparece ansiedad.
Revisamos el móvil.
Recordamos la última conversación.
Intentamos descubrir si dijimos algo incorrecto.
Quizá enviamos otro mensaje buscando tranquilidad.
El problema no siempre está en lo que realmente está ocurriendo.
A veces está en la interpretación que hacemos ante la incertidumbre.
Señales de que el miedo al rechazo está condicionándote
Puede manifestarse de maneras muy diferentes:
- Te cuesta expresar opiniones diferentes.
- Analizas demasiado cómo reaccionan los demás.
- Una crítica te afecta durante mucho tiempo.
- Necesitas comprobar que las personas importantes siguen estando bien contigo.
- Te cuesta decir que no.
- Evitas mostrar determinadas partes de ti por miedo a ser juzgado.
- Pides disculpas con mucha frecuencia.
- Intentas agradar incluso cuando supone ignorar tus necesidades.
- Te cuesta iniciar relaciones por miedo a que no funcionen.
- Una pequeña distancia emocional puede provocarte mucha ansiedad.
- Te comparas con otras personas y temes no estar a su altura.
Muchas de estas conductas están relacionadas también con la necesidad de aprobación de los demás.
Miedo al rechazo y autoestima
Existe una diferencia importante entre:
«Esta persona no me ha elegido.»
y:
«Esta persona no me ha elegido porque yo no valgo suficiente.»
El primer pensamiento describe un acontecimiento.
El segundo convierte ese acontecimiento en una valoración de nuestra identidad.
Cuando nuestra autoestima es frágil, el rechazo puede funcionar como una especie de confirmación de nuestros propios temores.
«Lo sabía.»
«No soy suficientemente interesante.»
«Siempre terminan cansándose de mí.»
«Hay algo malo en mí.»
Por eso trabajar el miedo al rechazo implica muchas veces trabajar también la manera en la que construimos nuestro propio valor.
Puedes profundizar en ello en Señales de una baja autoestima.
Cuando intentamos gustar a todo el mundo
Una estrategia habitual para evitar el rechazo consiste en intentar convertirnos en aquello que creemos que los demás quieren.
Decimos que sí.
Nos adaptamos.
Evitamos determinadas opiniones.
Intentamos no molestar.
Nos mostramos siempre disponibles.
A corto plazo puede funcionar.
Reducimos la posibilidad de conflicto.
Pero existe un precio.
Cada vez resulta más difícil distinguir:
«¿Estoy haciendo esto porque realmente quiero?»
de:
«¿Estoy haciendo esto para asegurarme de que esta persona no se enfade conmigo?»
Y cuanto más necesitamos agradar, más difícil puede resultar poner límites sin sentir culpa.
También podemos rechazar antes de ser rechazados
El miedo al rechazo no siempre produce dependencia o búsqueda de aprobación.
A veces produce exactamente lo contrario.
Distancia.
Hay personas que evitan involucrarse demasiado.
No expresan lo que sienten.
Mantienen cierta frialdad.
Abandonan relaciones cuando empiezan a sentirse vulnerables.
O se convencen de que no necesitan demasiado a nadie.
La lógica interna puede ser:
«Si no permito que alguien sea demasiado importante para mí, tampoco podrá hacerme demasiado daño.»
Por fuera puede parecer independencia.
Por dentro puede existir miedo.
El rechazo en las relaciones de pareja
Las relaciones afectivas son uno de los lugares donde este miedo puede hacerse especialmente intenso.
Una pareja necesariamente tiene momentos en los que necesita espacio.
Está cansada.
Tiene preocupaciones propias.
No responde como esperamos.
El problema aparece cuando cualquier pequeña distancia se interpreta como una amenaza para la relación.
Entonces buscamos señales.
Preguntamos si ocurre algo.
Necesitamos confirmaciones.
Intentamos recuperar rápidamente la cercanía.
La tranquilidad llega cuando nuestra pareja nos confirma que todo está bien.
Pero puede durar poco.
Porque necesitamos una nueva confirmación ante la siguiente señal ambigua.
Este mecanismo puede relacionarse con la dependencia emocional y la autoestima.
Más adelante profundizaremos también en el miedo al abandono y los estilos de apego dentro de su propio clúster.
¿Cómo empezar a trabajar el miedo al rechazo?
No podemos conseguir que deje de importarnos completamente lo que piensan los demás.
Ni sería necesariamente deseable.
El objetivo es que la posibilidad de rechazo deje de dirigir nuestra vida.
Diferencia hechos de interpretaciones
Pregúntate:
¿Qué sé realmente y qué estoy suponiendo?
«No me ha respondido» es un hecho.
«Ya no le importo» es una interpretación.
Separar ambas cosas puede ayudarnos a introducir otras posibilidades.
Tolera pequeñas dosis de desaprobación
Expresa una opinión diferente.
Di que no a un plan.
No justifiques excesivamente una decisión.
Permite que alguien pueda no estar completamente de acuerdo contigo.
Descubrir que podemos soportar cierta desaprobación es una experiencia importante.
Observa cuándo estás dejando de ser tú
Pregúntate:
«¿Qué haría o diría si no tuviera miedo de que esta persona me rechazara?»
No significa que tengas que hacerlo inmediatamente.
Pero la respuesta puede enseñarte cuánto espacio está ocupando ese miedo.
No conviertas cada rechazo en una sentencia sobre ti
No gustaremos a todo el mundo.
No todas las relaciones funcionarán.
No todas las personas nos elegirán.
Eso puede doler.
Pero ser rechazado por alguien no demuestra que seamos rechazables como personas.
No puedes evitar todo rechazo sin renunciar también a muchas cosas
Mostrarte implica riesgo.
Decir lo que piensas implica riesgo.
Enamorarte implica riesgo.
Poner límites implica riesgo.
Intentar algo nuevo implica riesgo.
Podemos intentar construir una vida completamente protegida frente al rechazo.
Pero probablemente también sería una vida protegida frente a muchas experiencias que merecen la pena.
Trabajar la autoestima no consiste en conseguir que todo el mundo nos acepte.
Consiste, entre otras cosas, en poder seguir aceptándonos nosotros cuando alguien no lo hace.
Puedes leer también Cómo mejorar la autoestima.
¿Cómo puede ayudarte la terapia?
Cuando el miedo al rechazo lleva mucho tiempo presente, puede aparecer en relaciones muy diferentes y convertirse en un patrón difícil de reconocer.
En terapia podemos explorar qué ocurre cuando percibes distancia o desaprobación.
Qué pensamientos aparecen.
Qué emociones se activan.
Qué haces para intentar recuperar seguridad.
Y qué experiencias pueden haber contribuido a construir esa forma de relacionarte.
El objetivo no es conseguir que nunca vuelva a dolerte un rechazo.
Es que puedas relacionarte, expresarte y tomar decisiones sin necesitar garantizar constantemente que nadie vaya a rechazarte.
Puedes conocer cómo trabajo estas dificultades en mi página de Psicólogo autoestima en Vitoria – Lacalle Psicología
No necesitas gustar a todo el mundo
Probablemente nunca llegará un momento en el que la opinión de los demás deje de importarnos por completo.
Pero sí podemos aprender algo diferente.
Que alguien pueda no elegirnos sin que eso determine nuestro valor.
Que alguien pueda estar en desacuerdo sin que necesitemos cambiar inmediatamente.
Que podamos mostrar quiénes somos incluso sabiendo que no gustaremos a todas las personas.
Porque quizá la pregunta no sea únicamente:
«¿Me aceptarán?»
Sino también:
«¿Puedo seguir siendo yo aunque alguien no me acepte?»
Si el miedo al rechazo, la necesidad de aprobación o la inseguridad están condicionando demasiado tus relaciones, podemos trabajarlo juntos.