A veces estamos en un lugar, pero sentimos que una parte de nosotros no termina de estar allí.
Podemos funcionar en piloto automático. Sentirnos desconectados de nuestras emociones. Percibir el entorno de una manera extraña o tener la sensación de observarnos desde cierta distancia.
Estas experiencias pueden resultar difíciles de explicar.
Incluso pueden asustarnos cuando no sabemos qué está ocurriendo.
El término disociación engloba diferentes experiencias relacionadas con una alteración o desconexión entre aspectos que normalmente funcionan de manera integrada, como la conciencia, la memoria, la identidad, las emociones o la percepción.
Sin embargo, experimentar cierta desconexión no significa automáticamente tener un trastorno disociativo.
Comprender qué es la disociación puede ayudarnos a poner palabras a determinadas experiencias y saber cuándo resulta conveniente pedir ayuda.
¿Qué es la disociación?
La disociación es un fenómeno psicológico amplio.
Puede afectar a nuestra experiencia de nosotros mismos, del entorno, de nuestras emociones o de determinados recuerdos.
Además, puede presentarse con diferentes grados de intensidad.
Algunas experiencias disociativas pueden ser leves y transitorias.
Otras pueden generar un malestar importante e interferir en la vida cotidiana.
Por eso, no podemos hablar de la disociación como si todas las personas experimentaran exactamente lo mismo.
Disociarse no significa necesariamente perder completamente el contacto con la realidad.
Existen muchas formas y grados diferentes de desconexión.
¿Cómo puede sentirse la disociación?
Una de las dificultades para reconocerla es precisamente que puede resultar complicada de describir.
Algunas personas utilizan expresiones como:
«Siento que estoy aquí, pero no del todo.»
«Funciono en automático.»
«Todo parece extraño.»
«Me siento desconectado de mí mismo.»
«Sé lo que debería sentir, pero no siento nada.»
«Es como si estuviera viendo mi vida desde fuera.»
Estas experiencias pueden aparecer de formas distintas.
Además, algunas sensaciones parecidas también pueden presentarse en otros problemas psicológicos.
Por eso, debemos comprenderlas dentro de su contexto.
Síntomas de disociación
Los posibles síntomas de disociación son diversos.
Dependiendo de la experiencia, pueden aparecer:
- Sensación de desconexión emocional.
- Sensación de funcionar en piloto automático.
- Percepción extraña de uno mismo.
- Sensación de distancia respecto al entorno.
- Dificultades relacionadas con determinados recuerdos.
- Sensación de que algunas experiencias no parecen completamente propias.
- Alteraciones en la percepción del tiempo.
- Sensación de estar ausente.
- Episodios de desconexión.
- Dificultad para conectar con determinadas emociones.
Tener alguno de estos síntomas no permite establecer un diagnóstico.
Necesitamos valorar su intensidad, frecuencia, duración, contexto y repercusión.
“Siento que estoy en piloto automático”
La expresión piloto automático es frecuente.
Hacemos cosas.
Trabajamos.
Conducimos.
Hablamos con otras personas.
Seguimos nuestra rutina.
Sin embargo, sentimos que estamos poco conectados con aquello que hacemos.
Esto no siempre significa disociación.
Todos podemos realizar actividades de manera automática cuando estamos cansados, distraídos o muy habituados a ellas.
La diferencia está en comprender cómo es esa experiencia, con qué frecuencia ocurre y cuánto interfiere en nuestra vida.
¿Por qué puede aparecer la disociación?
No existe una única explicación.
La disociación puede aparecer en diferentes contextos psicológicos y no debemos atribuirla automáticamente a una causa concreta.
En algunas personas puede relacionarse con experiencias traumáticas.
También puede aparecer asociada a determinados estados de estrés intenso u otros problemas psicológicos.
Además, existen diferentes fenómenos disociativos y distintos trastornos en los que pueden aparecer síntomas de este tipo.
Por eso, la pregunta no debería ser únicamente:
«¿Me estoy disociando?»
También necesitamos preguntarnos:
“¿Qué me ocurre exactamente, cuándo aparece y qué puede estar relacionado con ello?”
Disociación y trauma
Existe una relación importante entre disociación y trauma en algunas personas.
Ante experiencias extremadamente difíciles, la desconexión puede aparecer como una forma de respuesta psicológica.
Sin embargo, debemos evitar simplificarlo.
No toda persona que ha vivido un trauma presenta disociación.
Y no toda experiencia disociativa demuestra que exista un trauma previo.
Esta diferencia es fundamental.
Si quieres comprender mejor cómo determinadas experiencias pueden continuar influyendo en el presente, puedes leer:
¿Qué es un trauma psicológico y cómo puede seguir afectándote?
Disociación y trauma complejo
La disociación también puede aparecer cuando hablamos de trauma complejo.
Las experiencias difíciles repetidas o prolongadas pueden relacionarse, en algunas personas, con diferentes respuestas emocionales y de protección.
Una de ellas puede ser la desconexión.
Por ejemplo, algunas personas describen que ante determinadas situaciones dejan de sentir.
O sienten que se alejan emocionalmente de aquello que está ocurriendo.
Otras experimentan una sensación de irrealidad.
Sin embargo, estas experiencias necesitan valorarse individualmente.
Puedes ampliar este tema en:
Trauma complejo: qué es y cómo puede manifestarse.
Disociación y estrés postraumático
Algunas experiencias disociativas pueden aparecer en personas con trastorno de estrés postraumático (TEPT).
Sin embargo, disociación y TEPT no son lo mismo.
Una persona puede presentar TEPT sin experimentar determinados síntomas disociativos.
Además, pueden existir experiencias disociativas fuera de este trastorno.
Por eso, resulta importante diferenciar conceptos.
Puedes ampliar información en:
Trastorno de estrés postraumático (TEPT): síntomas y cómo puede afectar a tu vida.
Disociación y ventana de tolerancia
En el artículo anterior vimos cómo nuestro nivel de activación puede cambiar cuando nos desregulamos.
Podemos entrar en estados de elevada activación.
También podemos experimentar bloqueo o una reducción importante de nuestra activación.
En algunos casos, determinadas experiencias de desconexión pueden relacionarse con estos procesos.
Sin embargo:
hipoactivación y disociación no son exactamente lo mismo.
Una persona puede sentirse cansada, bloqueada o emocionalmente apagada sin estar experimentando necesariamente un fenómeno disociativo.
La ventana de tolerancia es un modelo que puede ayudarnos a comprender la regulación.
La disociación es un concepto diferente y más amplio.
Puedes leer el artículo completo aquí:
Ventana de tolerancia: qué ocurre cuando nos desregulamos.
¿Qué diferencia existe entre desconectar y disociarse?
Todos desconectamos alguna vez.
Estamos leyendo y nos damos cuenta de que no recordamos el último párrafo.
Llegamos a casa siguiendo una ruta conocida y apenas recordamos algunos momentos del trayecto.
Nos quedamos absortos pensando en otra cosa.
Estas experiencias cotidianas no significan necesariamente que exista un problema.
La cuestión cambia cuando la desconexión es intensa, frecuente, genera sufrimiento o interfiere en nuestra vida.
Por eso, necesitamos evitar convertir cualquier despiste en un síntoma psicológico.
Disociación y desconexión emocional
Algunas personas describen una sensación de desconexión respecto a sus propias emociones.
Saben racionalmente que algo debería afectarles.
Sin embargo, sienten muy poco.
Por ejemplo:
«Sé que estoy triste, pero es como si no pudiera sentir la tristeza.»
O:
«Sé que aquello me hizo daño, pero cuando hablo de ello parece que estuviera contando la historia de otra persona.»
Estas experiencias pueden aparecer en determinados procesos disociativos.
Sin embargo, también existen otras explicaciones posibles para el embotamiento o la desconexión emocional.
De nuevo, necesitamos comprender cada caso.
¿Qué es la despersonalización?
La despersonalización es una experiencia en la que podemos sentir una desconexión o extrañeza respecto a nosotros mismos.
Algunas personas describen sensaciones como observarse desde fuera.
O sentir su cuerpo de una forma extraña.
También pueden experimentar distancia respecto a sus pensamientos, emociones o acciones.
Estas experiencias pueden resultar muy inquietantes.
Sin embargo, necesitan valorarse correctamente.
La despersonalización tendrá su propio artículo dentro de este clúster.
¿Qué es la desrealización?
La desrealización afecta principalmente a nuestra experiencia del entorno.
Podemos sentir que aquello que nos rodea parece extraño.
Distante.
Irreal.
Como si existiera una separación entre nosotros y el mundo.
Algunas personas lo describen como estar dentro de una película o detrás de un cristal.
Aunque la experiencia pueda resultar muy angustiante, sentir irrealidad no significa necesariamente haber perdido el contacto con la realidad.
Desarrollaremos esta diferencia con más detalle en el siguiente artículo sobre despersonalización y desrealización.
¿Disociarse significa perder la realidad?
No necesariamente.
Este miedo puede aparecer cuando una persona experimenta sensaciones extrañas.
«¿Me estoy volviendo loco?»
«¿Estoy perdiendo el control?»
Sin embargo, diferentes experiencias disociativas pueden ocurrir manteniendo la persona conciencia de que su percepción se siente extraña.
Precisamente esa capacidad para reconocer:
«Sé que esto se siente irreal, aunque sé que está ocurriendo»
es clínicamente relevante.
Aun así, cuando existen alteraciones importantes de la percepción, conciencia o funcionamiento, resulta recomendable realizar una valoración profesional.
¿La disociación puede afectar a la memoria?
Sí, determinados fenómenos disociativos pueden relacionarse con la memoria.
Sin embargo, debemos ser especialmente prudentes con este tema.
Olvidar algo no significa automáticamente tener amnesia disociativa.
La memoria humana no funciona como una grabación perfecta.
Olvidamos información por muchas razones.
Además, estrés, falta de atención, cansancio y otros factores pueden afectar a nuestros recuerdos.
Por eso, no debemos interpretar automáticamente una laguna de memoria como evidencia de trauma o disociación.
Disociación y recuerdos traumáticos
Este es otro punto en el que conviene evitar conclusiones precipitadas.
Experimentar disociación no demuestra que exista un recuerdo traumático reprimido.
Tampoco deberíamos intentar reconstruir acontecimientos únicamente a partir de síntomas actuales.
En terapia podemos explorar experiencias, emociones y recuerdos.
Sin embargo, debemos hacerlo con prudencia.
El objetivo no es fabricar una explicación.
Es comprender mejor la experiencia real de la persona.
¿La disociación puede aparecer durante una situación de estrés?
En algunas personas, sí.
Cuando una situación resulta emocionalmente muy intensa, pueden aparecer diferentes respuestas.
Algunas personas se activan.
Otras intentan escapar.
Algunas se bloquean.
Y otras pueden describir experiencias de desconexión.
Por ejemplo, una discusión intensa puede provocar que alguien sienta que deja de escuchar claramente lo que ocurre.
Después puede resultarle difícil explicar cómo se sintió durante esos minutos.
Sin embargo, una experiencia aislada de este tipo tampoco permite concluir que exista un trastorno disociativo.
¿Por qué la disociación puede dar tanto miedo?
Porque modifica nuestra experiencia habitual.
Estamos acostumbrados a sentir nuestro cuerpo, nuestro entorno y nuestros pensamientos de una determinada manera.
Cuando esa experiencia cambia, puede aparecer miedo.
Entonces podemos empezar a observarnos constantemente.
«¿Me siento normal?»
«¿Sigo desconectado?»
«¿Por qué todo parece raro?»
Esta vigilancia puede aumentar todavía más nuestra ansiedad.
Por eso, comprender qué ocurre puede reducir parte del miedo asociado a la experiencia.
Disociación y ansiedad
Algunas experiencias de desconexión o irrealidad pueden aparecer en contextos de ansiedad intensa.
Además, cuando nos asustamos por esas sensaciones, podemos aumentar nuestra atención hacia ellas.
Entonces aparece un círculo:
sensación extraña → miedo → mayor vigilancia → más ansiedad → mayor percepción de la sensación.
Esto no significa que todas las experiencias disociativas sean simplemente ansiedad.
Significa que ambos fenómenos pueden relacionarse en determinados casos.
¿Qué puedo hacer si siento que estoy desconectando?
Depende de la experiencia y de su intensidad.
En algunos casos puede resultar útil orientar nuestra atención hacia el presente.
Por ejemplo:
- Observar conscientemente el lugar en el que estamos.
- Notar el contacto de los pies con el suelo.
- Identificar objetos que tenemos alrededor.
- Prestar atención a sonidos presentes.
- Movernos suavemente.
- Hablar con alguien de confianza.
- Recordarnos dónde estamos y qué está ocurriendo ahora.
Estas estrategias suelen denominarse técnicas de anclaje u orientación al presente.
Sin embargo, no todas funcionan igual para todas las personas.
Por eso, conviene encontrar aquellas que resulten útiles para cada caso.
¿Debo luchar contra la sensación?
Intentar comprobar constantemente si la sensación ha desaparecido puede resultar contraproducente.
Cuanto más nos observamos, más presente puede hacerse.
«¿Ya estoy normal?»
«¿Sigo sintiéndome raro?»
«¿Y ahora?»
Esta vigilancia puede aumentar la preocupación.
En algunos casos, puede ser más útil reconocer la experiencia, orientarnos hacia el presente y continuar gradualmente con una actividad segura.
Sin embargo, si los episodios son intensos o recurrentes, conviene pedir ayuda profesional.
¿Cuándo puede ser recomendable consultar?
Puede ser conveniente pedir ayuda cuando estas experiencias:
- Aparecen con frecuencia.
- Resultan muy intensas.
- Generan mucho miedo.
- Interfieren en el trabajo o los estudios.
- Afectan a las relaciones.
- Dificultan actividades cotidianas.
- Se acompañan de lagunas importantes de memoria.
- Aparecen junto a otros síntomas que generan sufrimiento.
- Hacen que evites situaciones por miedo a volver a sentirlas.
No necesitas saber exactamente cómo llamar a aquello que te ocurre para pedir ayuda.
¿Cómo se trabaja la disociación en terapia?
El trabajo depende de cada persona.
Primero necesitamos comprender qué experiencias aparecen.
Cuándo ocurren.
Qué las activa.
Cuánto duran.
Qué haces cuando aparecen.
Y cómo están afectando a tu vida.
Desde una Psicoterapia Integrativa, podemos trabajar juntos aspectos como:
- Comprender las experiencias de desconexión.
- Reconocer señales tempranas.
- Orientarnos hacia el presente.
- Desarrollar recursos de regulación emocional.
- Trabajar el miedo asociado a las sensaciones.
- Comprender posibles desencadenantes.
- Reducir determinadas evitaciones.
- Explorar experiencias anteriores cuando resulte adecuado.
- Recuperar progresivamente sensación de seguridad y continuidad.
No necesitamos empezar entrando directamente en experiencias dolorosas.
Primero necesitamos saber qué necesitas y qué recursos tienes disponibles.
Trabajar la disociación no significa buscar recuerdos
La terapia no debería convertirse en una búsqueda constante de acontecimientos ocultos que expliquen cada síntoma.
Podemos trabajar con aquello que está ocurriendo ahora.
Qué sientes.
Cuándo desconectas.
Qué ocurre antes.
Qué necesitas después.
Qué impacto tiene en tu vida.
Si determinadas experiencias anteriores resultan relevantes, podremos explorarlas con cuidado.
Pero no necesitamos construir una historia para justificar cada sensación.
Psicólogo para disociación y trauma en Vitoria
Si experimentas sensaciones de desconexión que te resultan difíciles de comprender, podemos explorarlas juntos.
No necesitamos empezar dando por hecho que existe un trastorno disociativo.
Tampoco que necesariamente exista un trauma.
Primero podemos comprender tu experiencia.
Qué ocurre.
Cuándo aparece.
Qué la activa.
Cómo respondes.
Y qué puede ayudarte a recuperar una mayor sensación de presencia y seguridad.
Si estas dificultades están relacionadas con experiencias traumáticas, puedes conocer también mi forma de trabajar en:
Psicólogo para trauma en Vitoria.
Sentirte desconectado no significa que hayas desaparecido
Las experiencias disociativas pueden resultar extrañas.
A veces incluso asustarnos.
Pero una sensación de desconexión sigue siendo una experiencia que podemos intentar comprender.
No necesitamos luchar desesperadamente contra ella.
Tampoco convertirla inmediatamente en un diagnóstico.
Podemos aprender a reconocer qué ocurre, orientarnos hacia el presente y comprender qué necesita nuestro sistema en esos momentos.
A veces el primer paso para volver a sentirnos presentes es dejar de tener miedo a intentar comprender lo que estamos sintiendo.
Si estas experiencias están interfiriendo en tu vida, podemos trabajarlo juntos en consulta en Vitoria-Gasteiz.
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