¿Qué es un trauma psicológico?

Hay experiencias que recordamos y sabemos que pertenecen al pasado.

Y hay otras que, aunque hayan terminado, parecen seguir apareciendo de alguna manera en nuestra vida.

Quizá han pasado años.

Sabes racionalmente que aquello terminó. Sin embargo, determinadas situaciones siguen generándote miedo, ansiedad, bloqueo o una necesidad intensa de protegerte.

A veces incluso resulta difícil relacionar lo que sentimos ahora con aquello que vivimos entonces.

Un trauma psicológico puede aparecer cuando una experiencia supera nuestra capacidad para afrontarla o procesarla adecuadamente en ese momento.

Comprenderlo no significa quedarnos atrapados en el pasado.

Puede ayudarnos precisamente a entender por qué determinadas respuestas siguen apareciendo en el presente y qué podemos hacer con ellas.

¿Qué es exactamente un trauma psicológico?

La palabra “trauma” se utiliza cada vez más.

A veces incluso para describir cualquier experiencia desagradable.

Sin embargo, atravesar una situación dolorosa no significa necesariamente desarrollar un trauma psicológico.

Cuando hablamos de trauma nos interesa especialmente cómo fue vivida y procesada una experiencia, no únicamente qué ocurrió.

Ante una situación que percibimos como amenazante o desbordante, nuestro organismo intenta protegernos.

Podemos luchar.

Escapar.

Bloquearnos.

Desconectarnos.

Buscar ayuda.

Estas respuestas tienen una función.

El problema puede aparecer cuando, una vez terminada aquella situación, nuestro sistema continúa reaccionando como si determinadas amenazas siguieran presentes.

¿Una experiencia tiene que ser extrema para provocar un trauma?

No necesariamente.

Hay acontecimientos que asociamos fácilmente con el trauma:

  • Una agresión.
  • Un accidente grave.
  • Una catástrofe.
  • Una situación de violencia.
  • Una experiencia en la que sentimos que nuestra vida estaba en peligro.

Pero también existen experiencias difíciles que pueden repetirse durante mucho tiempo.

Humillaciones.

Rechazo continuado.

Entornos familiares impredecibles.

Relaciones en las que existe miedo.

Abandono.

Negligencia.

Situaciones en las que una persona siente que no puede escapar o protegerse.

Esto no significa que cualquiera que haya vivido estas experiencias tenga necesariamente un trauma.

El acontecimiento importa, pero también importa cómo lo vivió aquella persona y qué recursos tenía entonces para afrontarlo.

Dos personas pueden vivir lo mismo de manera diferente

Esta idea es fundamental.

Imaginemos que dos personas atraviesan una experiencia similar.

Una consigue procesarla con el tiempo y continúa con su vida sin dificultades importantes.

La otra desarrolla miedo, evitación o una sensación persistente de inseguridad.

Eso no significa que una sea más fuerte que la otra.

Hay muchas variables que pueden influir.

La edad.

Las experiencias anteriores.

La duración de la situación.

La posibilidad de escapar.

El apoyo recibido.

La sensación de control.

Los recursos psicológicos disponibles.

Por eso en terapia no intentamos decidir únicamente si algo fue “lo suficientemente grave”.

Intentamos comprender qué impacto tuvo en ti.

“Pero eso ocurrió hace muchos años”

El paso del tiempo puede ayudar.

Pero el tiempo, por sí solo, no siempre consigue procesar todo lo que vivimos.

Podemos continuar con nuestra vida.

Trabajar.

Tener pareja.

Formar una familia.

Cumplir objetivos.

Y, aun así, descubrir que determinadas situaciones siguen activando reacciones especialmente intensas.

Esto ocurre porque nuestra memoria no funciona únicamente como una colección de historias que podemos contar.

También aprendemos asociaciones.

Nuestro organismo aprende qué señales pueden significar peligro.

Y algunas de esas asociaciones pueden mantenerse mucho tiempo.

Cuando el cuerpo reacciona antes que la cabeza

Imagina que alguien eleva ligeramente la voz.

Antes incluso de pensar qué está ocurriendo, notas tensión.

Tu corazón se acelera.

Tu cuerpo se prepara.

Quieres marcharte.

Después piensas:

«No está pasando nada.»

Pero la reacción ya apareció.

En otras ocasiones puede suceder con un lugar, un olor, una expresión facial o una sensación corporal.

Son respuestas que pueden resultar desconcertantes porque la parte racional de nosotros sabe que la situación actual no es la misma.

Sin embargo, nuestro sistema de protección puede haber aprendido otra cosa.

¿Qué síntomas puede producir un trauma psicológico?

No existe una única respuesta.

Además, muchos de estos síntomas pueden aparecer por motivos completamente diferentes.

Por eso no deberían utilizarse para autodiagnosticarnos.

Algunas personas pueden experimentar:

  • Recuerdos intrusivos.
  • Pesadillas.
  • Ansiedad.
  • Hipervigilancia.
  • Sobresaltos frecuentes.
  • Irritabilidad.
  • Problemas para dormir.
  • Evitación.
  • Sensación de inseguridad.
  • Dificultades para confiar.
  • Culpa.
  • Vergüenza.
  • Bloqueo emocional.
  • Sensación de desconexión.
  • Dificultades en determinadas relaciones.

Lo importante no es encontrar una lista en la que encajemos.

Es comprender cómo funcionan esas respuestas en nuestra propia historia.

La hipervigilancia: vivir preparado para lo que pueda pasar

Algunas personas desarrollan una enorme capacidad para detectar posibles problemas.

Observan constantemente el ambiente.

Analizan cómo están los demás.

Detectan cambios mínimos en un tono de voz.

Anticipan conflictos.

Necesitan controlar determinadas situaciones.

Es posible que en algún momento esta capacidad tuviera sentido.

Si nuestro entorno era impredecible, estar atentos podía ayudarnos a protegernos.

Pero vivir permanentemente preparado para una amenaza que quizá nunca llegue genera un enorme desgaste.

Dentro de este clúster dedicaremos un artículo específico a la hipervigilancia, porque es una de las experiencias que más fácilmente pueden confundirse con “simplemente soy una persona nerviosa”.

Evitar también puede convertirse en una forma de protección

Cuando algo nos provoca malestar, evitarlo funciona.

Al menos inicialmente.

No voy a ese lugar.

No hablo de aquello.

Evito determinadas situaciones.

Intento mantener algunos recuerdos fuera de mi cabeza.

Y siento alivio.

Nuestro cerebro aprende entonces:

“Cuando evito esto, estoy más seguro.”

El problema aparece cuando cada vez necesitamos evitar más cosas para mantener esa sensación de seguridad.

Nuestra vida puede empezar a organizarse alrededor de aquello que intentamos no sentir.

¿Qué son los desencadenantes?

A veces utilizamos el término inglés trigger.

Un desencadenante es una señal que activa una respuesta emocional relacionada con una experiencia previa.

Puede ser algo evidente.

Pero también puede ser muy sutil.

Un olor.

Una canción.

Una fecha.

Una expresión.

Un tipo de lugar.

Un tono de voz.

Una determinada sensación corporal.

Incluso podemos no identificar conscientemente qué ha provocado nuestra reacción.

Comprender nuestros desencadenantes puede ayudarnos a pasar de:

«No entiendo por qué reacciono así»

a:

«Empiezo a entender qué activa esta respuesta.»

Y esa comprensión puede ser un primer cambio importante.

Trauma no significa necesariamente TEPT

Este punto es especialmente importante.

Trauma psicológico y trastorno de estrés postraumático (TEPT) no son sinónimos.

Una persona puede haber vivido experiencias traumáticas sin desarrollar un TEPT.

El trastorno de estrés postraumático es un diagnóstico clínico con unos criterios determinados.

También podemos encontrar dificultades relacionadas con experiencias pasadas sin que exista necesariamente ese diagnóstico.

Por eso intentar diagnosticarnos a partir de contenidos de internet suele aportar menos claridad de la que parece.

En otro artículo profundizaremos específicamente en el TEPT y sus características.

¿Qué ocurre con el trauma infantil?

Cuando determinadas experiencias ocurren durante la infancia, hay un elemento adicional.

Todavía estamos aprendiendo a comprender nuestras emociones, relacionarnos con otras personas y construir nuestra percepción del mundo.

Por eso algunas experiencias tempranas pueden influir posteriormente en aspectos como:

  • La seguridad.
  • La confianza.
  • La autoestima.
  • La regulación emocional.
  • La manera de afrontar los conflictos.
  • Las relaciones.

Esto no significa que nuestra infancia determine nuestro destino.

Nuestra historia influye.

No nos condena.

El trauma infantil tendrá también su propio artículo para poder abordarlo con la profundidad que merece.

¿Y si no recuerdo claramente lo que ocurrió?

No tener recuerdos completos de determinadas etapas no demuestra por sí mismo que exista un trauma.

La memoria humana no funciona como una grabación.

Olvidamos.

Reconstruimos.

Mezclamos información.

Y existen multitud de razones por las que podemos recordar peor determinados periodos de nuestra vida.

Por eso conviene ser especialmente cuidadosos con la idea de que cualquier laguna de memoria significa que existe necesariamente un trauma oculto.

En terapia trabajamos con lo que la persona experimenta y necesita actualmente, sin intentar fabricar explicaciones que no podemos sostener.

Trauma y relaciones

Algunas respuestas de protección pueden aparecer especialmente dentro de las relaciones.

Quizá cuesta confiar.

Existe miedo al abandono.

Necesitamos confirmar continuamente que todo está bien.

Nos alejamos cuando sentimos demasiada intimidad.

Interpretamos algunos conflictos como amenazas mucho mayores de lo que parecen desde fuera.

O permanecemos en relaciones que nos hacen daño porque determinadas dinámicas nos resultan extrañamente familiares.

Aquí pueden encontrarse diferentes procesos.

Trauma, aprendizaje, autoestima, experiencias relacionales y patrones de apego pueden interactuar entre sí.

Comprender esa interacción puede ser mucho más útil que intentar reducir todo a una única etiqueta.

Trauma y disociación

Ante determinadas situaciones algunas personas describen experiencias de desconexión.

«Es como si no estuviera aquí.»

«Parece que estoy viendo mi vida desde fuera.»

«Todo parece extraño o poco real.»

«Sé que soy yo, pero no me siento yo.»

Estos fenómenos pueden resultar especialmente inquietantes.

La disociación puede aparecer en distintos contextos y no debe interpretarse automáticamente como consecuencia de un trauma.

Más adelante dedicaremos varios contenidos específicos a comprenderla, incluyendo la despersonalización y la desrealización.

¿Significa sanar que voy a olvidar lo que ocurrió?

No.

Y probablemente tampoco sería un objetivo realista.

Una experiencia importante puede continuar formando parte de nuestra historia.

La diferencia puede estar en cómo vivimos ese recuerdo.

Recordar algo no es lo mismo que volver a sentir que está ocurriendo.

Podemos llegar a pensar:

«Eso me pasó.»

sin que nuestro organismo responda continuamente:

«Eso está pasando otra vez.»

Ahí puede existir una parte importante del proceso terapéutico.

¿Tengo que contar todos los detalles en terapia?

No desde el primer momento ni necesariamente de la forma que muchas personas imaginan.

Trabajar un trauma no consiste en sentarte delante de un psicólogo y narrar inmediatamente cada detalle de la experiencia más dolorosa de tu vida.

Antes podemos necesitar comprender qué está ocurriendo actualmente.

Construir recursos.

Trabajar regulación emocional.

Identificar desencadenantes.

Reducir determinadas respuestas de evitación.

Y establecer suficiente seguridad dentro del proceso terapéutico.

El ritmo importa.

¿Cómo se trabaja un trauma psicológico?

El tratamiento depende de cada persona y de las dificultades que presente.

No existe una única intervención adecuada para todos los casos.

Desde una Psicoterapia Integrativa, podemos trabajar juntos diferentes aspectos del problema.

Por ejemplo:

  • Comprender tus respuestas actuales.
  • Identificar desencadenantes.
  • Desarrollar recursos de regulación emocional.
  • Trabajar pensamientos y creencias.
  • Reducir progresivamente determinadas evitaciones.
  • Comprender patrones de protección.
  • Abordar culpa o vergüenza.
  • Trabajar dificultades relacionales.
  • Procesar determinadas experiencias cuando resulte adecuado.

No se trata de borrar el pasado.

Se trata de conseguir que el pasado deje de comportarse continuamente como si fuera el presente.

¿Cuándo puede ser recomendable pedir ayuda?

No necesitas demostrar que aquello que viviste fue suficientemente grave.

Podría ser útil consultar cuando notas que determinadas experiencias siguen condicionando significativamente tu vida.

Por ejemplo, si evitas situaciones importantes.

Si permaneces constantemente en alerta.

Si determinados recuerdos generan un sufrimiento intenso.

Si existen dificultades importantes de sueño.

Si algunas relaciones activan respuestas que no consigues comprender.

O si sientes que una parte considerable de tu vida está organizada alrededor de intentar sentirte seguro.

En esos casos, una evaluación profesional puede ayudarnos a entender mejor qué está ocurriendo.

Psicólogo para trauma en Vitoria

Si has llegado hasta aquí porque reconoces algunas de estas experiencias, no necesitamos empezar colocando una etiqueta.

Podemos empezar por algo mucho más sencillo:

comprender qué te ocurre.

Qué situaciones generan malestar.

Qué respuestas aparecen.

Qué intentas evitar.

Qué necesitas controlar.

Y cómo está afectando todo ello a tu vida actualmente.

Desde ahí podemos establecer juntos los objetivos del proceso.

Si quieres conocer con más detalle cómo trabajo este tipo de dificultades, puedes visitar mi página de Psicólogo para trauma en Vitoria. [ENLACE INTERNO A LA LANDING]

Trabajo desde una perspectiva integradora y adaptada a cada persona.

El objetivo no es cambiar tu historia

Aquello que ocurrió forma parte de tu vida.

No podemos hacer que no haya sucedido.

Pero nuestra historia y nuestro presente no tienen por qué ser exactamente lo mismo.

Podemos aprender a reconocer cuándo realmente existe peligro y cuándo se ha activado una antigua señal de alarma.

Podemos recuperar situaciones que habíamos empezado a evitar.

Podemos entender algunas reacciones que antes parecían inexplicables.

Y podemos construir nuevas maneras de protegernos que ya no necesiten mantenernos permanentemente en alerta.

Tu pasado puede explicar algunas de tus respuestas. No tiene por qué decidir cómo será tu futuro.

Si determinadas experiencias continúan interfiriendo en tu vida, podemos trabajarlo juntos en consulta en Vitoria-Gasteiz.

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