Hay experiencias que terminan, pero cuyo impacto puede continuar mucho tiempo después.
A veces sabemos perfectamente qué ocurrió.
Otras veces resulta más difícil identificarlo. Simplemente sentimos que determinadas situaciones nos desbordan, vivimos constantemente en alerta o reaccionamos con una intensidad que no terminamos de comprender.
El trauma psicológico no depende únicamente de lo que sucedió.
También tiene que ver con cómo vivimos aquella experiencia, los recursos que teníamos para afrontarla y la huella que dejó en nuestra manera de sentir, relacionarnos y protegernos.
Si determinadas experiencias del pasado siguen condicionando tu presente, en terapia podemos trabajar juntos para comprender qué está ocurriendo y ayudarte a recuperar una mayor sensación de seguridad.
Como psicólogo para trauma en Vitoria, trabajo desde una perspectiva integradora, adaptando el proceso terapéutico a la historia y necesidades de cada persona.
¿Qué es un trauma psicológico?
Cuando pensamos en trauma solemos imaginar acontecimientos extremos.
Un accidente grave.
Una agresión.
Una catástrofe.
Una situación en la que nuestra vida estuvo en peligro.
Estas experiencias pueden ser traumáticas, pero el concepto es más amplio.
Una experiencia puede dejar una huella importante cuando sobrepasa nuestra capacidad para afrontarla o procesarla en ese momento.
Por eso dos personas pueden atravesar situaciones parecidas y vivirlas de maneras muy diferentes.
Además, algunas experiencias traumáticas no se producen en un único momento.
Pueden desarrollarse durante meses o años dentro de determinados entornos familiares, relaciones o situaciones de inseguridad.
El trauma no siempre se recuerda como una historia
Podemos pensar que, si algo ocurrió hace muchos años, debería pertenecer simplemente al pasado.
Sin embargo, nuestro organismo no funciona únicamente mediante recuerdos conscientes.
A veces una experiencia deja asociaciones emocionales muy intensas.
Un tono de voz.
Una discusión.
Una sensación corporal.
Una determinada expresión.
Una situación que recuerda, aunque sea vagamente, a algo vivido anteriormente.
Entonces podemos experimentar una reacción emocional intensa sin entender del todo por qué.
Racionalmente sabemos que estamos en el presente, pero una parte de nuestro sistema de protección puede reaccionar como si existiera nuevamente una amenaza.
¿Cómo puede manifestarse un trauma?
No existe una única forma de responder a experiencias difíciles.
Algunas personas experimentan ansiedad o miedo.
Otras sienten irritabilidad.
Otras comienzan a evitar determinadas situaciones.
Y algunas describen una sensación de desconexión respecto a sí mismas o a lo que ocurre a su alrededor.
Entre las posibles manifestaciones podemos encontrar:
- Estado de alerta frecuente.
- Sobresaltos intensos.
- Dificultad para relajarse.
- Problemas de sueño.
- Pesadillas.
- Recuerdos intrusivos.
- Evitación de lugares o situaciones.
- Sensación de peligro aunque aparentemente todo esté bien.
- Irritabilidad.
- Dificultad para confiar.
- Culpa o vergüenza.
- Sensación de desconexión emocional.
- Dificultades en determinadas relaciones.
- Reacciones emocionales especialmente intensas ante ciertos desencadenantes.
Tener alguno de estos síntomas no significa automáticamente que exista un trauma o un trastorno relacionado con él.
Por eso es importante comprender cada situación de manera individual.
“Sé que ahora estoy a salvo, pero mi cuerpo no parece saberlo”
Esta sensación aparece con frecuencia cuando hablamos de trauma.
La persona puede entender perfectamente que una determinada situación ya terminó.
Sin embargo, continúa reaccionando ante algunas señales como si tuviera que protegerse.
Puede costar relajarse.
Existe necesidad de controlar lo que ocurre alrededor.
Cualquier ruido genera un sobresalto.
Un conflicto activa una reacción muy intensa.
O determinadas situaciones provocan una necesidad inmediata de escapar.
No significa que estés eligiendo reaccionar así.
Puede ser la expresión de un sistema de protección que aprendió que debía permanecer preparado.
Trauma e hipervigilancia
Después de determinadas experiencias podemos desarrollar una atención especialmente intensa hacia posibles amenazas.
Observamos las expresiones de los demás.
Analizamos cambios en su tono de voz.
Anticipamos problemas.
Necesitamos saber qué va a ocurrir.
Nos cuesta bajar la guardia.
A corto plazo, esta capacidad puede haber sido útil.
El problema aparece cuando el peligro desaparece pero el sistema continúa funcionando con la misma intensidad.
Entonces vivir preparado para lo peor termina generando un enorme desgaste.
La hipervigilancia tendrá su propio artículo dentro de este clúster, porque merece que la trabajemos con mayor profundidad.
Trauma y evitación
Si algo nos genera miedo, evitarlo puede producir alivio.
No vuelvo a ese lugar.
No hablo del tema.
Intento no recordar.
Evito determinadas personas.
Me mantengo constantemente ocupado.
El alivio puede ser inmediato.
Sin embargo, cuando la evitación se convierte en nuestra principal forma de afrontar lo ocurrido, puede terminar reduciendo progresivamente nuestra vida.
El objetivo de la terapia no consiste en obligarte a enfrentarte bruscamente a aquello que te desborda.
Buscamos construir recursos y avanzar de una manera gradual y tolerable.
Trauma infantil y experiencias tempranas
La infancia es un periodo especialmente importante porque todavía estamos desarrollando nuestra forma de comprender el mundo, regular nuestras emociones y relacionarnos con los demás.
Las experiencias tempranas pueden influir en cómo aprendemos a protegernos.
Esto no significa que todos nuestros problemas actuales tengan necesariamente su origen en la infancia.
Tampoco significa que una infancia difícil determine inevitablemente nuestra vida adulta.
Pero algunas experiencias pueden seguir influyendo en nuestra manera de relacionarnos, interpretar determinadas situaciones o responder emocionalmente.
Profundizaremos en ello en el artículo sobre trauma infantil y sus posibles efectos en la edad adulta.
¿Qué es el trauma complejo?
En ocasiones no hablamos de un único acontecimiento.
Puede haber existido una exposición repetida o prolongada a experiencias difíciles, especialmente dentro de relaciones o contextos de los que era complicado escapar.
En estos casos, las dificultades pueden ir más allá del recuerdo de determinados acontecimientos.
Pueden afectar también a la regulación emocional, la percepción de uno mismo o las relaciones.
Es importante no utilizar estas etiquetas para autodiagnosticarnos.
El trauma complejo merece una explicación específica y será otro de los contenidos que desarrollaremos dentro de este bloque.
Trauma y relaciones
Aquello que hemos vivido también puede influir en cómo nos relacionamos.
Quizá nos cuesta confiar.
Interpretamos rápidamente determinadas señales como rechazo.
Necesitamos controlar algunas situaciones para sentirnos seguros.
Nos alejamos cuando sentimos demasiada cercanía.
O permanecemos en alerta ante cualquier cambio en la otra persona.
En ocasiones, estas respuestas pueden relacionarse también con determinados patrones de apego.
Comprenderlos no significa culpar al pasado.
Significa empezar a entender por qué algunas respuestas que quizá tuvieron sentido en otro momento siguen apareciendo actualmente.
Trauma y disociación
Ante situaciones especialmente intensas, algunas personas describen experiencias de desconexión.
Pueden sentirse extrañas respecto a sí mismas.
Como si observaran lo que ocurre desde fuera.
Como si el mundo pareciera poco real.
O pueden experimentar dificultades para conectar con determinadas emociones.
La disociación es un fenómeno complejo y puede aparecer por diferentes motivos.
Por eso dedicaremos un bloque específico a explicar qué es la disociación, así como fenómenos como la despersonalización y la desrealización.
¿Qué son los desencadenantes o “triggers”?
Un desencadenante es una señal que activa una determinada respuesta emocional.
Puede ser evidente.
Por ejemplo, regresar a un lugar relacionado con una experiencia difícil.
Pero también puede ser mucho más sutil.
Un olor.
Una fecha.
Una expresión.
Una determinada forma de hablar.
Una sensación corporal.
Incluso una situación aparentemente diferente que comparte algún elemento con la experiencia original.
Identificar estos patrones puede ayudarnos a comprender por qué algunas reacciones parecen aparecer “de la nada”.
No todo malestar relacionado con el pasado es TEPT
También conviene hacer una distinción importante.
Haber vivido una experiencia traumática no implica necesariamente desarrollar un trastorno de estrés postraumático (TEPT).
El TEPT tiene unos criterios clínicos determinados y requiere una evaluación adecuada.
Además, una persona puede experimentar dificultades relacionadas con acontecimientos pasados sin cumplir criterios para este diagnóstico.
En terapia no trabajamos únicamente con etiquetas.
Intentamos comprender qué te ocurre, qué lo mantiene y qué necesitas para avanzar.
¿Hay que hablar de todo lo ocurrido desde el principio?
No necesariamente.
Existe una idea bastante extendida de que trabajar un trauma significa llegar a terapia y contar inmediatamente todos los detalles de aquello que ocurrió.
No tiene por qué ser así.
Antes puede ser necesario construir seguridad.
Comprender qué está ocurriendo.
Desarrollar recursos.
Aprender a reconocer determinadas respuestas.
Y establecer una relación terapéutica en la que puedas sentirte suficientemente seguro.
El ritmo también forma parte del proceso.
¿Trabajar un trauma significa revivirlo?
Trabajar terapéuticamente una experiencia difícil no debería consistir simplemente en volver a sufrirla.
Recordar por recordar no es necesariamente terapéutico.
El objetivo es poder acercarnos a aquello que sea necesario trabajar con recursos diferentes a los que tenías cuando ocurrió.
Por eso el proceso debe adaptarse a cada persona.
Hay momentos para comprender.
Momentos para regular.
Momentos para conectar.
Y, cuando sea adecuado, momentos para trabajar determinadas experiencias con mayor profundidad.
¿Cómo trabajo el trauma en terapia?
Mi enfoque es integrador.
Esto significa que no parto de una única técnica aplicada de la misma manera a todas las personas.
Primero necesitamos comprender tu historia y qué dificultades aparecen actualmente.
Podemos trabajar sobre:
- Regulación emocional.
- Sensación de seguridad.
- Identificación de desencadenantes.
- Evitación.
- Creencias relacionadas con lo ocurrido.
- Culpa y vergüenza.
- Respuestas corporales.
- Patrones de protección.
- Relaciones.
- Experiencias del pasado cuando resulte adecuado abordarlas.
El objetivo no es borrar lo que ocurrió.
No podemos cambiar nuestra historia.
Pero sí podemos trabajar para que esa historia tenga cada vez menos capacidad para decidir cómo tienes que vivir el presente.
Recuperar sensación de seguridad
Uno de los aspectos importantes del proceso puede ser aprender a distinguir entre:
“Algo fue peligroso entonces”
y
“Estoy en peligro ahora”.
Parece una diferencia evidente cuando la pensamos racionalmente.
Sin embargo, emocionalmente puede resultar mucho más complicada.
Poco a poco podemos trabajar para que tu sistema de protección no necesite estar permanentemente activado.
No buscamos que nunca vuelvas a sentir miedo.
Buscamos que puedas responder al presente desde lo que está ocurriendo ahora y no únicamente desde aquello que ocurrió entonces.
Psicólogo para trauma en Vitoria: ¿cómo podemos trabajarlo juntos?
Si experiencias del pasado siguen influyendo en tu vida, podemos empezar comprendiendo qué ocurre actualmente.
Qué situaciones te activan.
Qué haces cuando aparece el malestar.
Qué emociones resultan especialmente difíciles.
Qué has aprendido a evitar.
Y qué necesitarías recuperar en tu vida.
A partir de ahí podemos establecer juntos los objetivos del proceso.
Sin forzar.
Sin convertir tu historia en una etiqueta.
Y respetando el ritmo que necesites.
Trabajo desde una Psicoterapia Integrativa, incorporando diferentes perspectivas y herramientas según cada caso.
El pasado forma parte de tu historia, pero no tiene que gobernar tu presente
Superar una experiencia difícil no significa conseguir que nunca vuelva a aparecer en nuestra memoria.
Tampoco significa fingir que no ocurrió.
A veces el cambio consiste en poder recordar sin sentir que estamos otra vez allí.
Poder reconocer una señal sin que automáticamente se convierta en peligro.
Poder relacionarnos sin esperar constantemente que vuelva a ocurrir aquello que nos hizo daño.
Y recuperar partes de nuestra vida que quizá llevaban demasiado tiempo organizadas alrededor de la protección.
Si sientes que determinadas experiencias siguen condicionando tu presente, podemos trabajarlo juntos en consulta en Vitoria-Gasteiz.