Pensamientos intrusivos: por qué aparecen y qué significan

Pensamientos intrusivos: por qué aparecen y qué significan

Estás cocinando y, de repente, aparece una imagen desagradable.

Estás conduciendo y tu mente plantea:

“¿Y si doy un volantazo?”

Estás con alguien a quien quieres y surge un pensamiento completamente contrario a lo que deseas.

La reacción puede ser inmediata:

“¿Por qué he pensado esto?”

Y después aparece otra pregunta:

“¿Y si significa algo sobre mí?”

Los pensamientos intrusivos pueden resultar especialmente angustiosos porque aparecen sin que los hayamos buscado.

Sin embargo, que un pensamiento aparezca en nuestra mente no significa que lo deseemos, que estemos de acuerdo con él o que vayamos a realizarlo.

A veces, el verdadero problema comienza cuando intentamos descubrir con absoluta certeza por qué apareció.

¿Qué son los pensamientos intrusivos?

Los pensamientos intrusivos son pensamientos, imágenes, dudas o impulsos mentales que aparecen de forma involuntaria.

No decidimos conscientemente tenerlos.

Además, pueden resultar extraños, desagradables o completamente contrarios a nuestros valores.

Por ejemplo:

  • Una imagen violenta inesperada.
  • Una duda sobre nuestra relación.
  • Un pensamiento sexual no deseado.
  • Una idea relacionada con cometer un error.
  • Una imagen sobre algo terrible que podría ocurrir.
  • La posibilidad de perder el control.
  • Una duda sobre algo que acabamos de hacer.
  • Un pensamiento relacionado con la salud o la contaminación.

Su aparición, por sí sola, no significa que exista un trastorno psicológico.

Tener un pensamiento no significa querer hacerlo

Esta distinción es fundamental.

Nuestra mente puede generar contenidos que rechazamos completamente.

Podemos pensar:

“¿Y si empujo a alguien?”

Eso no significa:

“Quiero empujar a alguien.”

También podemos imaginar un accidente sin querer que ocurra.

O podemos experimentar una duda sobre nuestra pareja sin que represente necesariamente lo que sentimos.

Pensar algo y querer algo son cosas diferentes.

Sin embargo, cuando un pensamiento nos asusta mucho, podemos empezar a tratarlos como si fueran equivalentes.

¿Por qué aparecen pensamientos que no quiero tener?

Nuestra mente genera continuamente información.

Recuerdos. Imágenes. Posibilidades. Asociaciones. Predicciones. Preguntas.

Gran parte de ese contenido aparece y desaparece sin que le prestemos demasiada atención.

El problema puede surgir cuando un pensamiento concreto adquiere un significado especial.

Por ejemplo:

“Si he pensado esto, será por algo.”

A partir de ese momento dejamos de observar únicamente el pensamiento.

Empezamos a observarnos a nosotros mismos.

El segundo pensamiento puede ser más importante que el primero

Imagina que aparece:

“¿Y si pierdo el control?”

Ese sería el pensamiento intrusivo.

Después aparece:

“Una persona normal no pensaría esto.”

Luego:

“¿Y si en realidad quiero hacerlo?”

Y finalmente:

“Necesito asegurarme de que nunca lo haría.”

En pocos segundos hemos pasado de un pensamiento espontáneo a una investigación sobre nosotros mismos.

Muchas veces, el sufrimiento no procede únicamente de la primera intrusión. También influye todo lo que hacemos después para intentar comprenderla o neutralizarla.

¿Por qué algunos pensamientos se quedan atrapados?

Normalmente olvidamos miles de pensamientos.

Sin embargo, algunos captan nuestra atención porque afectan a cuestiones que consideramos importantes.

Nuestra familia.

Nuestra pareja.

Nuestra identidad.

Nuestra salud.

Nuestra moral.

Nuestra seguridad.

Precisamente porque algo nos importa, una posibilidad contraria puede resultar especialmente perturbadora.

Entonces prestamos más atención.

Y cuanto más vigilamos si el pensamiento aparece, más fácil resulta detectarlo.

Intentar no pensar algo puede aumentar nuestra atención sobre ello

Podemos proponernos:

“No quiero volver a pensar esto.”

Parece una solución lógica.

Sin embargo, para comprobar que no estamos pensando algo necesitamos seguir vigilándolo.

“¿Estoy pensando otra vez en ello?”

Nuestra atención permanece así conectada con aquello que queríamos eliminar.

Por eso, luchar constantemente contra un pensamiento puede darle todavía más protagonismo.

Pensamientos intrusivos y ansiedad

Cuando una intrusión nos parece peligrosa, puede activarse la ansiedad.

El cuerpo reacciona.

Sentimos miedo.

Entonces podemos interpretar nuestra propia reacción como una prueba:

“Si me ha provocado tanta ansiedad, tiene que significar algo.”

Pero sentir ansiedad no demuestra que el contenido del pensamiento sea verdadero.

Puede indicar simplemente que lo hemos interpretado como amenazante.

Pensamientos intrusivos y TOC

Los pensamientos intrusivos pueden aparecer en muchas personas y en contextos diferentes.

Por tanto, tener pensamientos intrusivos no significa automáticamente tener TOC.

En el trastorno obsesivo-compulsivo, algunas intrusiones pueden convertirse en obsesiones. A continuación, pueden aparecer respuestas destinadas a conseguir seguridad o reducir el malestar.

Por ejemplo:

“¿Y si he hecho daño a alguien?”

Repasamos mentalmente lo ocurrido.

“¿Y si mis manos están contaminadas?”

Volvemos a lavarlas.

“¿Y si este pensamiento significa que soy peligroso?”

Buscamos argumentos que demuestren que jamás actuaríamos así.

Este patrón conecta directamente con el círculo que explico en Obsesiones y compulsiones: cómo funciona el círculo del TOC.

Las compulsiones no siempre se ven

Cuando pensamos en TOC podemos imaginar comportamientos visibles.

Sin embargo, también podemos intentar neutralizar un pensamiento únicamente dentro de nuestra cabeza.

Por ejemplo:

  • Analizar qué significa.
  • Revisar nuestras intenciones.
  • Recordar situaciones anteriores.
  • Sustituir un pensamiento por otro.
  • Repetir mentalmente determinadas frases.
  • Comprobar qué sentimos.
  • Intentar demostrar que el pensamiento es falso.

Desde fuera, nadie tiene por qué darse cuenta.

Internamente, sin embargo, podemos pasar mucho tiempo intentando resolver la misma pregunta.

“Necesito saber por qué lo he pensado”

Esta necesidad resulta comprensible.

Si un pensamiento nos asusta, queremos encontrar una explicación.

El problema aparece cuando ninguna explicación resulta suficiente.

Pensamos:

“Ha aparecido porque estaba nervioso.”

Entonces surge:

“¿Y si no ha sido por eso?”

Buscamos otra explicación.

Y después otra.

La búsqueda de significado puede convertirse así en una forma de rumiación.

Buscar tranquilidad puede funcionar durante unos minutos

También podemos acudir a otra persona.

“¿Tú crees que este pensamiento significa algo?”

Nos responde:

“No.”

Sentimos alivio.

Pero después aparece otra posibilidad:

“Quizá no se lo he explicado bien.”

Entonces volvemos a preguntar.

La tranquilidad externa puede reducir la ansiedad momentáneamente sin resolver nuestra dificultad para convivir con la duda.

Internet también puede convertirse en una comprobación

Cuando estamos preocupados, resulta muy fácil buscar:

“¿Es normal pensar esto?”

Leemos una explicación.

Nos tranquilizamos.

Después encontramos una frase que genera una nueva duda.

Abrimos otra página.

Después otra.

El problema no está en informarnos.

Aparece cuando necesitamos seguir buscando hasta encontrar una respuesta que nos proporcione certeza absoluta.

¿Y si el pensamiento aparece muchas veces?

La frecuencia tampoco determina por sí sola su significado.

Si un pensamiento nos preocupa, podemos estar mucho más pendientes de él.

Además, cada vez que aparece reaccionamos:

“Otra vez.”

Eso hace que lo detectemos inmediatamente.

Un pensamiento que antes habría pasado desapercibido puede convertirse ahora en un acontecimiento importante.

¿Y si siento algo mientras tengo el pensamiento?

Esta pregunta puede generar mucha angustia.

Algunas personas empiezan a comprobar sus emociones o sensaciones corporales.

“¿Me ha gustado?”

“¿He sentido algo?”

“¿Por qué mi cuerpo ha reaccionado?”

Entonces observan continuamente su respuesta interna para intentar descubrir qué significa.

Pero cuanto más analizamos una sensación, más difícil puede resultar interpretarla con naturalidad.

Una sensación corporal aislada no funciona como una prueba definitiva de nuestras intenciones o deseos.

Los pensamientos intrusivos pueden afectar a aquello que más nos importa

Esto ayuda a comprender por qué pueden resultar tan perturbadores.

Una persona muy preocupada por no hacer daño puede angustiarse enormemente ante una imagen violenta.

Alguien muy comprometido con su relación puede quedar atrapado en dudas sobre sus sentimientos.

Una persona que valora mucho actuar correctamente puede obsesionarse con la posibilidad de haber cometido un error.

El pensamiento puede resultar especialmente doloroso porque toca algo importante para nosotros.

Pensamientos sobre hacer daño y fobia de impulsión

Algunas intrusiones están relacionadas con el miedo a perder el control y hacer daño.

La persona puede evitar objetos, lugares o determinadas situaciones porque teme:

“¿Y si un día pierdo el control?”

También puede comprobar constantemente sus intenciones o buscar pruebas de que jamás actuaría de esa manera.

Este tipo de miedo merece una explicación específica. Por eso, lo abordaremos también dentro del bloque sobre fobia de impulsión.

¿Debo analizar mis pensamientos intrusivos?

No todos los pensamientos necesitan una explicación.

Esta idea puede resultar extraña porque solemos asumir que nuestros pensamientos dicen algo importante sobre nosotros.

Pero nuestra mente también genera ruido.

Posibilidades.

Imágenes.

Asociaciones.

Ideas absurdas.

Preguntas sin respuesta.

Podemos aprender a diferenciar entre un problema que requiere una decisión y una intrusión que nos invita continuamente a analizarla.

El objetivo no es conseguir una mente sin pensamientos desagradables

Intentar controlar absolutamente todo lo que aparece en nuestra mente sería una batalla difícil de ganar.

Podemos trabajar otra capacidad:

permitir que un pensamiento exista sin tener que responder inmediatamente a él.

Puede aparecer:

“¿Y si…?”

Y podemos continuar con lo que estábamos haciendo.

No porque hayamos demostrado que el pensamiento es imposible.

Sino porque no necesitamos resolver todas las posibilidades que genera nuestra mente.

¿Qué puedo hacer cuando aparece un pensamiento intrusivo?

No existe una única estrategia válida para todas las personas.

Sin embargo, puede ser útil empezar observando nuestra respuesta.

Pregúntate:

¿Qué hago inmediatamente después de tener este pensamiento?

¿Lo analizo?

¿Busco información?

¿Pido tranquilidad?

¿Compruebo mis emociones?

¿Evito algo?

¿Intento sustituirlo?

En ocasiones, comprender lo que hacemos después de la intrusión resulta más útil que intentar descubrir por qué apareció.

No necesitamos demostrar que el pensamiento es falso

Puede parecer paradójico.

Queremos sentirnos mejor, así que intentamos encontrar argumentos.

Pero nuestra mente puede responder a cada argumento con una nueva excepción:

“Sí, pero ¿y si…?”

Entonces volvemos a empezar.

Por eso, el trabajo terapéutico no siempre consiste en construir una explicación cada vez más convincente.

También podemos aprender a relacionarnos de otra manera con la incertidumbre.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Los pensamientos intrusivos pueden aparecer ocasionalmente sin generar un problema importante.

Sin embargo, puede ser recomendable consultar cuando:

  • Ocupan mucho tiempo.
  • Generan ansiedad intensa.
  • Intentas neutralizarlos continuamente.
  • Evitas situaciones por miedo a tenerlos.
  • Necesitas comprobar tus intenciones.
  • Buscas tranquilidad repetidamente.
  • Interfieren en tus relaciones.
  • Te llevan a realizar rituales.
  • Sientes que necesitas estar completamente seguro de lo que significan.

çEn estos casos, podemos valorar qué está manteniendo el problema.

Psicólogo para pensamientos intrusivos en Vitoria

Si determinados pensamientos aparecen una y otra vez y sientes que necesitas analizarlos, neutralizarlos o descubrir qué significan, podemos trabajarlo juntos.

En terapia podemos explorar qué ocurre cuando aparece la intrusión y, sobre todo, qué haces después para intentar recuperar seguridad.

Si estos pensamientos forman parte de un patrón obsesivo-compulsivo, también podemos trabajar sobre las obsesiones, las compulsiones y la dificultad para tolerar la incertidumbre.

Puedes conocer más sobre este trabajo en Psicólogo para TOC en Vitoria.

Un pensamiento puede ser solo un pensamiento

No elegimos todo lo que aparece en nuestra mente.

Tampoco necesitamos identificarnos con cada imagen, duda o posibilidad.

Puede aparecer algo extraño.

Incómodo.

Incluso completamente contrario a nuestros valores.

Y podemos aprender a dejarlo pasar sin convertirlo inmediatamente en una investigación sobre quiénes somos.

No necesitas resolver cada pensamiento para poder continuar con tu vida.

¿Quieres que lo trabajemos juntos?

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