Estás en la cocina y ves un cuchillo.
De repente aparece un pensamiento:
“¿Y si perdiera el control y le hiciera daño a alguien?”
No quieres hacerlo.
De hecho, la posibilidad te horroriza.
Sin embargo, precisamente porque te asusta tanto, empiezas a preguntarte:
“¿Por qué he pensado esto?”
“¿Y si significa que podría hacerlo?”
“¿Cómo puedo estar completamente seguro de que nunca perderé el control?”
La fobia de impulsión puede generar un enorme sufrimiento. La persona no teme únicamente el pensamiento. Teme lo que ese pensamiento podría decir sobre ella y la posibilidad de actuar en contra de sus propios valores.
Entonces puede empezar a evitar situaciones, comprobar sus intenciones o buscar constantemente la certeza de que nunca hará aquello que teme.
¿Qué es la fobia de impulsión?
La expresión fobia de impulsión se utiliza habitualmente para describir el miedo intenso a perder el control y realizar un acto no deseado.
Puede aparecer dentro de problemas relacionados con pensamientos obsesivos y, en algunos casos, dentro del TOC.
La persona puede experimentar pensamientos, imágenes o impulsos mentales relacionados con hacer algo que en realidad no desea hacer.
Por ejemplo:
- Hacer daño a alguien.
- Empujar a una persona.
- Utilizar un objeto de forma peligrosa.
- Gritar algo inapropiado.
- Realizar una acción socialmente inaceptable.
- Perder el control repentinamente.
El pensamiento provoca miedo precisamente porque la persona no quiere que ocurra.
Pensar algo no significa querer hacerlo
Esta diferencia es fundamental.
Un pensamiento puede aparecer de forma involuntaria.
“¿Y si cojo ese cuchillo?”
Eso no equivale a:
“Quiero coger ese cuchillo y hacer daño.”
Nuestra mente puede representar posibilidades que rechazamos completamente.
Sin embargo, cuando la posibilidad nos parece especialmente grave, podemos empezar a tratar el pensamiento como si fuera una señal de peligro.
Entonces dejamos de preguntarnos únicamente qué hemos pensado.
Empezamos a preguntarnos qué significa haberlo pensado.
“¿Y si pierdo el control?”
Esta suele ser una de las preguntas centrales.
La persona puede pensar:
“Ahora sé que no quiero hacerlo, pero ¿y si algún día cambio?”
O:
“¿Y si en un momento de ansiedad pierdo completamente el control?”
El problema es que demostrar con certeza absoluta cómo actuaremos en cualquier situación futura resulta imposible.
Siempre puede aparecer un nuevo:
“Sí, pero ¿y si…?”
Por eso, intentar alcanzar una garantía del 100 % puede alimentar todavía más la duda.
¿Por qué me asusta tanto si no quiero hacerlo?
Precisamente porque el contenido puede chocar frontalmente con nuestros valores.
Si para ti es muy importante cuidar a las personas que quieres, una imagen relacionada con hacerles daño puede resultar especialmente perturbadora.
La reacción puede ser:
“Yo jamás haría algo así. ¿Por qué mi mente ha generado esta imagen?”
Entonces el pensamiento adquiere importancia.
Lo vigilamos.
Lo analizamos.
Intentamos evitar que vuelva.
Y cada vez que aparece pensamos:
“Otra vez. Esto tiene que significar algo.”
Fobia de impulsión y pensamientos intrusivos
La relación es estrecha.
Como vimos en Pensamientos intrusivos: por qué aparecen y qué significan nuestra mente puede generar contenidos que no hemos elegido.
En la fobia de impulsión, algunas de esas intrusiones pueden interpretarse como una posible señal de que podríamos perder el control.
El pensamiento inicial podría ser:
“¿Y si hago daño?”
Pero después aparecen muchos otros:
“¿Por qué he pensado esto?”
“¿Una persona peligrosa pensaría algo parecido?”
“¿Y si en realidad existe una parte de mí que quiere hacerlo?”
Así puede comenzar un círculo de análisis y comprobación.
Evitar cuchillos y otros objetos
Una respuesta frecuente al miedo puede ser evitar aquello que activa los pensamientos.
Por ejemplo, guardamos los cuchillos.
Evitamos utilizarlos cuando hay otras personas cerca.
Pedimos a nuestra pareja que cocine.
O intentamos alejarnos de cualquier objeto que nuestra mente haya asociado con la posibilidad de hacer daño.
Esto proporciona alivio.
Pero también puede reforzar una conclusión:
“Estoy seguro porque he evitado el peligro.”
Entonces cada vez resulta más difícil enfrentarnos a la situación sin esa protección.
También podemos evitar personas
El miedo puede afectar a nuestras relaciones.
Una persona puede sentir pensamientos intrusivos cuando está cerca de alguien a quien quiere.
La reacción puede ser alejarse.
No porque quiera hacerle daño.
Precisamente porque teme hacerlo.
Esto puede generar mucha culpa y confusión.
Incluso puede llevar a interpretar la propia evitación como otra prueba:
“Si necesito alejarme, será porque realmente soy peligroso.”
De nuevo, el círculo se alimenta.
Comprobar nuestras intenciones
No todas las comprobaciones son visibles.
Podemos mirar hacia nuestro interior.
“¿Quiero hacerlo?”
“¿Qué siento cuando veo el cuchillo?”
“¿Estoy enfadado?”
“¿Y si noto alguna sensación extraña?”
La persona intenta encontrar una respuesta emocional que confirme definitivamente que no existe ningún peligro.
Sin embargo, cuanto más observamos nuestras sensaciones, más ambiguas pueden parecernos.
Comprobar las sensaciones corporales
Este fenómeno puede generar todavía más dudas.
Imagina que aparece un pensamiento desagradable.
Inmediatamente analizas tu cuerpo.
Notas tensión.
Quizá una sensación extraña en las manos.
Entonces piensas:
“¿Por qué he sentido eso?”
La ansiedad, la atención y la activación fisiológica pueden producir muchas sensaciones.
Sin embargo, cuando estamos buscando pruebas, podemos interpretar cualquier reacción como algo significativo.
Entonces comprobamos todavía más.
Buscar tranquilidad en otras personas
También podemos preguntar:
“¿Tú crees que sería capaz de hacer algo así?”
La respuesta probablemente sea:
“Claro que no.”
Sentimos alivio.
Pero después aparece:
“Lo dice porque me quiere.”
Volvemos a preguntar.
Quizá contamos el pensamiento con todavía más detalle para obtener una respuesta más precisa.
La tranquilidad funciona durante un tiempo.
Después vuelve la duda.
Buscar casos en Internet
Otra estrategia consiste en investigar.
Buscamos experiencias de otras personas.
Leemos sobre pensamientos violentos.
Intentamos descubrir cómo piensa alguien que realmente quiere hacer daño.
Después comparamos:
“¿Mis pensamientos se parecen a esos?”
Podemos encontrar tranquilidad.
Pero también una nueva frase que active otra duda.
La investigación se convierte entonces en otra forma de comprobar.
“¿Y si me gusta el pensamiento?”
Esta pregunta puede resultar especialmente angustiosa.
La persona puede empezar a analizar cada reacción interna.
“¿Me ha producido rechazo suficiente?”
“¿Por qué esta vez no he sentido tanta ansiedad?”
Incluso sentirse menos angustiado puede convertirse paradójicamente en un nuevo problema:
“Antes me asustaba más. ¿Y si ahora significa que me estoy acostumbrando porque realmente quiero hacerlo?”
Así vemos cómo el TOC puede convertir prácticamente cualquier respuesta en material para una nueva duda.
No sentir ansiedad tampoco demuestra nada
Este punto es importante.
Si llevamos mucho tiempo experimentando un pensamiento, nuestra respuesta emocional puede variar.
Un día puede producir muchísimo miedo.
Otro día menos.
Intentar utilizar la intensidad de la ansiedad como un detector de nuestras verdaderas intenciones puede mantener la vigilancia.
No necesitamos comprobar constantemente cuánto rechazo sentimos.
¿Fobia de impulsión significa que voy a perder el control?
La presencia de un pensamiento intrusivo no permite concluir que una persona vaya a realizar aquello que imagina.
Sin embargo, tampoco resulta útil convertir esta frase en una nueva comprobación que necesitemos repetirnos cada vez que aparezca una duda.
Porque la mente puede responder inmediatamente:
“Ya, pero ¿cómo puedo saber que mi caso es igual?”
El objetivo terapéutico no consiste en proporcionar garantías infinitas.
Consiste en modificar nuestra relación con la duda, el pensamiento y las conductas que utilizamos para neutralizarlo.
Fobia de impulsión y TOC
En algunas personas, este tipo de miedo puede formar parte de un patrón obsesivo-compulsivo.
Aparece una obsesión:
“¿Y si hago daño?”
Después aparece ansiedad.
Entonces realizamos una compulsión:
- Evitar.
- Comprobar nuestras intenciones.
- Analizar recuerdos.
- Buscar tranquilidad.
- Investigar.
- Neutralizar mentalmente el pensamiento.
Sentimos alivio.
Pero aparece otra duda.
Es el mismo mecanismo que explico en Obsesiones y compulsiones: cómo funciona el círculo del TOC – Lacalle Psicología.
No todas las personas con pensamientos violentos tienen TOC
También debemos evitar el extremo contrario.
Un pensamiento aislado no permite realizar un diagnóstico.
Para comprender lo que ocurre necesitamos valorar el contexto, el significado que tiene para la persona, la presencia de compulsiones, la interferencia y otros aspectos clínicos.
Por eso, si existen dudas importantes sobre pensamientos relacionados con hacer daño, conviene realizar una valoración profesional individualizada.
¿Cómo se trabaja la fobia de impulsión?
Primero necesitamos comprender el círculo concreto.
¿Qué pensamiento aparece?
¿Qué interpretación hacemos?
¿Qué sentimos?
¿Y qué hacemos después para conseguir seguridad?
En ocasiones, el problema se mantiene mediante conductas que inicialmente parecen ayudarnos.
Por ejemplo:
pensamiento → miedo → comprobación → alivio → nueva duda.
A partir de ahí podemos empezar a trabajar sobre esas respuestas.
Evitar no siempre soluciona el miedo
Si evitamos todos los objetos o situaciones relacionados con nuestras intrusiones, obtenemos alivio inmediato.
Pero nuestro cerebro puede aprender:
“No ocurrió nada porque lo evité.”
Esto dificulta descubrir que podemos experimentar un pensamiento sin tener que responder ante él.
Por eso, cuando existe un patrón obsesivo-compulsivo, el tratamiento puede incluir un trabajo progresivo sobre las evitaciones y compulsiones.
Exposición con prevención de respuesta
La exposición con prevención de respuesta (EPR) es una de las intervenciones psicológicas con mayor respaldo para el tratamiento del TOC.
La exposición se plantea de manera progresiva y adaptada.
No consiste en realizar acciones peligrosas.
Tampoco pretende demostrar continuamente que la persona jamás hará aquello que teme.
El objetivo es aprender a experimentar la duda o el pensamiento sin responder automáticamente mediante la compulsión habitual.
Más adelante dedicaremos un artículo completo a explicar cómo funciona la EPR.
No necesitamos expulsar el pensamiento
Podemos caer en una batalla:
“Tengo que conseguir que esto deje de aparecer.”
Pero cuanto más importante resulta controlar el pensamiento, más atentos permanecemos a su posible regreso.
Podemos trabajar en una dirección diferente.
El pensamiento aparece.
Lo reconocemos.
No necesitamos resolverlo.
Y continuamos con nuestra actividad.
Esto no significa estar de acuerdo con él.
Significa dejar de tratar cada intrusión como una emergencia.
Aprender a dejar abierta la pregunta
La mente puede preguntar:
“¿Y si algún día pierdes el control?”
Nuestra reacción habitual podría ser buscar veinte argumentos para responder que no.
Pero cada argumento puede generar otra excepción.
Por eso, parte del trabajo puede consistir en tolerar que determinadas preguntas no tengan una respuesta absolutamente segura.
No porque el contenido sea verdadero.
Sino porque no necesitamos alcanzar certeza absoluta para seguir viviendo de acuerdo con nuestros valores.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
Puede ser recomendable consultar cuando este miedo empieza a condicionar tu vida.
Por ejemplo, si:
- Evitas cuchillos u otros objetos.
- Te alejas de determinadas personas.
- Compruebas continuamente tus intenciones.
- Analizas tus sensaciones corporales.
- Buscas tranquilidad constantemente.
- Investigas repetidamente en Internet.
- Repasas recuerdos para comprobar cómo actuaste.
- Sientes culpa por tener determinados pensamientos.
- Dedicas mucho tiempo a intentar demostrar que nunca perderás el control.
No necesitas esperar hasta que estas conductas ocupen todo tu día.
Psicólogo para fobia de impulsión en Vitoria
Si tienes pensamientos relacionados con perder el control o hacer daño y sientes que necesitas comprobar continuamente qué significan, podemos trabajarlo juntos.
En terapia podemos comprender qué ocurre cuando aparece la intrusión y qué estrategias estás utilizando para intentar conseguir seguridad.
Cuando existe un patrón relacionado con el TOC, también podemos trabajar sobre las compulsiones, la evitación y la necesidad de certeza.
Puedes conocer más sobre mi forma de trabajar en Psicólogo para TOC en Vitoria.
No eres cada pensamiento que aparece en tu mente
Podemos experimentar pensamientos que nos resulten extraños, desagradables o completamente opuestos a lo que queremos.
No necesitamos convertir cada uno de ellos en una pregunta sobre nuestra identidad.
La mente puede plantear:
“¿Y si…?”
Y nosotros podemos aprender a continuar sin dedicar nuestra vida a responderlo.