“No estoy exactamente triste. Simplemente siento que me falta algo.”
A veces cuesta encontrar palabras.
No tiene por qué haber ocurrido nada malo ese día.
Incluso podemos estar acompañados, tener planes o llevar una vida aparentemente normal.
Sin embargo, aparece una sensación difícil de explicar.
Vacío.
Como si algo faltara.
Como si nada terminara de llenarnos.
O como si estuviéramos desconectados de nosotros mismos.
La relación entre TLP y sensación de vacío puede ser especialmente difícil de comprender. Además, ese vacío puede influir en nuestras relaciones, nuestras decisiones y nuestra manera de gestionar las emociones.
¿Qué significa sentir vacío?
No existe una única forma de experimentarlo.
Algunas personas lo describen como una especie de hueco interior.
Otras hablan de desconexión.
También puede aparecer como aburrimiento profundo, falta de sentido o dificultad para saber qué necesitamos.
Podemos pensar:
“Tengo cosas buenas en mi vida, pero no consigo sentirlas.”
O:
“Necesito algo, pero no sé qué.”
Precisamente esa dificultad para identificar qué falta puede hacer que el vacío resulte tan desconcertante.
TLP y sensación de vacío
La sensación persistente de vacío puede aparecer en el trastorno límite de la personalidad (TLP).
Sin embargo, no todas las personas con TLP la experimentan de la misma manera.
Tampoco sentir vacío significa tener TLP.
Esta experiencia puede aparecer en diferentes momentos y problemas psicológicos.
Por eso, necesitamos comprenderla dentro de la historia completa de cada persona.
Vacío no es exactamente lo mismo que tristeza
Podemos confundir ambas experiencias.
Sin embargo, no siempre son iguales.
Cuando estamos tristes solemos reconocer mejor lo que sentimos.
Quizá hemos perdido algo.
Estamos decepcionados.
Echamos de menos a alguien.
El vacío puede ser diferente.
A veces no existe una emoción claramente identificable.
Simplemente parece que no hay nada.
Y esa ausencia también puede resultar dolorosa.
“No sé qué siento”
Algunas personas pueden experimentar emociones muy intensas en determinados momentos.
Sin embargo, en otros aparece desconexión.
Es un contraste difícil de entender.
Podemos pasar de sentir muchísimo a sentir muy poco.
Entonces aparece una pregunta:
“¿Qué me pasa?”
No siempre estamos ante una ausencia real de emociones.
En ocasiones puede resultar difícil reconocerlas, diferenciarlas o permanecer conectados con ellas.
Cuando tampoco sabemos qué necesitamos
Identificar una necesidad requiere cierto contacto con nuestro mundo interno.
¿Necesito descansar?
¿Necesito compañía?
¿Estoy enfadado?
¿Me siento solo?
¿Necesito poner un límite?
¿Hay algo importante que estoy evitando?
Cuando esa conexión resulta difícil, podemos saber que algo no está bien sin comprender exactamente qué necesitamos.
Entonces buscamos respuestas fuera.
Intentar llenar el vacío
Cuando el vacío resulta desagradable, es comprensible querer eliminarlo.
Podemos buscar algo que nos haga sentir.
Una relación.
Compras.
Comida.
Sexo.
Alcohol u otras sustancias.
Redes sociales.
Planes constantes.
Trabajo.
Cualquier actividad puede convertirse temporalmente en una forma de escapar de esa sensación.
El problema no está necesariamente en esas actividades.
Está en la función que empiezan a cumplir.
Buscar intensidad para sentir algo
A veces no buscamos sentirnos bien.
Buscamos simplemente sentir.
Una experiencia intensa puede romper momentáneamente la sensación de vacío.
Por eso, algunas decisiones impulsivas pueden resultar especialmente atractivas en esos momentos.
Durante un rato ocurre algo.
Existe emoción.
Existe movimiento.
Existe intensidad.
Sin embargo, cuando el estímulo desaparece, el vacío puede regresar.
Vacío e impulsividad
Aquí encontramos una conexión importante con la impulsividad en el TLP.
Una conducta impulsiva puede aparecer como respuesta a una emoción intensa.
Pero también puede aparecer cuando queremos escapar de la ausencia de emoción.
En ambos casos existe una necesidad inmediata de cambiar nuestro estado interno.
Por eso, comprender qué estamos intentando regular resulta fundamental.
Cuando las relaciones intentan llenar ese espacio
Las relaciones también pueden convertirse en una fuente muy intensa de conexión.
Sentirnos queridos puede proporcionarnos seguridad.
También puede ayudarnos a sentirnos más conectados con nosotros mismos.
Esto forma parte de cualquier vínculo humano.
Sin embargo, pueden aparecer dificultades cuando nuestra sensación de estabilidad depende casi completamente de otra persona.
Cuando está cerca, nos sentimos completos.
Cuando se aleja, reaparece el vacío.
“Cuando estoy contigo sé quién soy”
Esta experiencia puede resultar especialmente intensa.
La relación no proporciona únicamente cariño.
También puede aportar identidad.
Dirección.
Planes.
Rutinas.
Sentido.
Entonces una distancia o una ruptura puede sentirse como algo mucho mayor que perder una relación.
Podemos sentir que también perdemos una parte de nosotros.
Por eso, TLP, identidad y sensación de vacío pueden estar relacionados.
El miedo al abandono puede aumentar
Si una relación nos ayuda a escapar del vacío, perderla puede resultar especialmente amenazante.
No solo aparece:
“Tengo miedo de que se vaya.”
También puede existir:
“¿Qué quedará de mí si se va?”
Esto puede aumentar la necesidad de cercanía.
Además, puede intensificar determinadas reacciones ante la distancia.
En el artículo sobre TLP y relaciones de pareja explico con más detalle cómo puede funcionar este patrón.
Vacío e identidad
Nuestra identidad no consiste únicamente en saber nuestro nombre o nuestra profesión.
También implica reconocer:
- Qué nos importa.
- Qué queremos.
- Qué necesitamos.
- Qué valores tenemos.
- Qué límites queremos establecer.
- Qué disfrutamos.
- Qué tipo de relaciones queremos construir.
Cuando estas referencias internas son inestables, podemos sentirnos perdidos.
Entonces aparece una pregunta difícil:
“¿Quién soy cuando no estoy intentando adaptarme a alguien?”
Adaptarnos demasiado a los demás
Todos modificamos parcialmente nuestra conducta según el contexto.
No hablamos exactamente igual con nuestra pareja que en el trabajo.
Eso es normal.
Sin embargo, algunas personas pueden sentir que cambian excesivamente según quién tengan delante.
Sus gustos.
Sus planes.
Sus opiniones.
Incluso su forma de verse a sí mismas.
A corto plazo, adaptarse puede facilitar la conexión.
A largo plazo, puede aumentar la sensación de no saber quiénes somos.
Tener tiempo libre también puede resultar difícil
El vacío puede hacerse más evidente cuando desaparecen los estímulos.
Un sábado sin planes.
Una tarde solo en casa.
Unas vacaciones tranquilas.
De repente no hay nada que hacer.
Entonces aparece inquietud.
“Necesito organizar algo.”
No necesariamente porque queramos ese plan.
Quizá simplemente resulte difícil permanecer con nosotros mismos.
Estar solo y sentirse vacío no son lo mismo
Podemos estar solos y sentirnos bien.
También podemos estar rodeados de personas y sentir un enorme vacío.
Por eso, llenar nuestra agenda no siempre resuelve el problema.
La cuestión no consiste únicamente en tener más compañía.
También necesitamos construir una relación con nosotros mismos que no desaparezca cuando los demás no están presentes.
¿Por qué el vacío puede regresar?
A veces intentamos solucionarlo añadiendo cosas a nuestra vida.
Más actividades.
Más relaciones.
Más estímulos.
Más objetivos.
Eso puede ayudar temporalmente.
Sin embargo, si no comprendemos qué hay detrás de la sensación, el alivio puede durar poco.
Entonces volvemos a buscar algo nuevo.
Y el ciclo comienza otra vez.
El vacío no demuestra que nos falte algo como personas
Esta idea merece especial atención.
Sentirse vacío puede generar pensamientos muy duros.
“Hay algo mal en mí.”
“Los demás tienen algo que yo no tengo.”
“Nunca voy a sentirme completo.”
Sin embargo, una experiencia emocional no define nuestro valor.
El vacío puede comprenderse.
Y podemos aprender nuevas maneras de relacionarnos con él.
¿Cómo se trabaja la sensación de vacío?
No existe una solución única.
Primero necesitamos entender cómo aparece en cada persona.
Podemos preguntarnos:
¿Cuándo siento más vacío?
¿Qué suele ocurrir antes?
¿Qué hago para escapar de él?
¿Qué necesito realmente en esos momentos?
¿Qué partes de mi vida tienen sentido para mí?
Estas preguntas pueden ayudarnos a transformar una sensación aparentemente incomprensible en algo que podemos explorar.
Aprender a identificar emociones
A veces decimos:
“No siento nada.”
Sin embargo, cuando prestamos atención aparecen pequeños matices.
Soledad.
Cansancio.
Frustración.
Miedo.
Desilusión.
Aburrimiento.
Necesidad de afecto.
Reconocerlos puede ayudarnos a entender mejor nuestra experiencia.
No necesitamos encontrar inmediatamente una explicación perfecta.
Podemos empezar simplemente poniendo palabras.
Construir una identidad propia
Trabajar el vacío también puede implicar descubrir quiénes somos fuera de nuestras relaciones.
¿Qué cosas me interesan?
¿Qué valores quiero seguir?
¿Qué disfruto aunque nadie me acompañe?
¿Qué decisiones tomaría si no estuviera intentando agradar?
¿Qué límites necesito?
Construir identidad no significa encontrar una versión definitiva de nosotros mismos.
Las personas cambiamos.
El objetivo es desarrollar una referencia interna más estable.
Aprender a estar sin llenar cada espacio
No necesitamos convertir cada momento vacío en productividad.
Tampoco necesitamos tener siempre un plan.
A veces podemos aprender a permanecer.
Al principio puede resultar incómodo.
Sin embargo, tolerar pequeños espacios sin llenarlos inmediatamente puede ayudarnos a descubrir qué aparece cuando dejamos de escapar.
Buscar sentido, no solo estímulos
Existe una diferencia entre intensidad y significado.
Algo puede ser muy intenso y durar unos minutos.
En cambio, otras experiencias son más tranquilas pero profundamente importantes.
Una amistad.
Crear algo.
Cuidar.
Aprender.
Trabajar en algo que valoramos.
Compartir tiempo con alguien.
Construir un proyecto.
Encontrar sentido no significa vivir permanentemente motivados.
Significa reconocer qué cosas queremos que formen parte de nuestra vida.
No todo vacío debe desaparecer inmediatamente
Cuando aparece una sensación desagradable solemos pensar:
“Tengo que quitármela.”
Sin embargo, quizá podamos cambiar la pregunta.
En lugar de:
“¿Cómo hago para dejar de sentir esto?”
Podemos preguntarnos:
“¿Qué intenta decirme esta experiencia?”
A veces necesitaremos regularla.
Otras veces necesitaremos escucharla.
¿La sensación de vacío significa tener TLP?
No.
Sentirse vacío no permite diagnosticar un trastorno límite de la personalidad.
Necesitamos valorar muchos otros aspectos.
Además, experiencias similares pueden aparecer en diferentes situaciones psicológicas y vitales.
Si quieres conocer el cuadro de forma más amplia, puedes leer Trastorno límite de la personalidad (TLP): qué es y cómo puede manifestarse.
¿Puede cambiar esta sensación?
Sí.
No necesariamente desaparece de un día para otro.
Sin embargo, podemos aprender a comprenderla mejor.
También podemos desarrollar una identidad más estable.
Reconocer nuestras necesidades.
Regular las emociones.
Construir relaciones más seguras.
Y encontrar actividades y vínculos que tengan significado para nosotros.
Poco a poco, podemos necesitar menos estímulos externos para sentir que existimos.
¿Cuándo puede ayudar la terapia?
Puede ser útil pedir ayuda cuando:
- Sientes vacío con frecuencia.
- Te cuesta saber qué necesitas.
- Necesitas estímulos constantes para sentirte bien.
- Tus relaciones determinan demasiado cómo te sientes contigo mismo.
- Cuando estás solo aparece mucha angustia.
- Buscas intensidad para escapar de la desconexión.
- No sabes bien quién eres o qué quieres.
- La sensación de vacío está condicionando tu vida.
No necesitas tener un diagnóstico para trabajar estas dificultades.
Psicólogo para TLP y sensación de vacío en Vitoria
Si esta sensación aparece con frecuencia, podemos explorarla juntos.
En terapia podemos comprender cuándo surge y qué función cumplen las estrategias que utilizas para aliviarla.
Además, podemos trabajar la regulación emocional, la identidad, las relaciones y tus propias necesidades.
Este trabajo forma parte de mi abordaje como psicólogo para trastornos de personalidad en Vitoria.
El vacío no tiene por qué llenarse a toda velocidad
Cuando sentimos un hueco dentro, nuestra primera reacción puede ser buscar algo que lo tape.
Sin embargo, quizá no necesitemos llenarlo inmediatamente.
Primero podemos conocerlo.
Entender cuándo aparece.
Descubrir qué necesitamos.
Y construir poco a poco una vida que no dependa únicamente de escapar de esa sensación.
Porque encontrar algo que nos distraiga no siempre es lo mismo que encontrar algo que tenga sentido para nosotros.