TLP e impulsividad: por qué cuesta frenar algunas conductas

“En ese momento solo quería dejar de sentirme así.”

Después llega la calma.

Y, con ella, puede aparecer otra pregunta:

“¿Por qué he vuelto a hacerlo?”

La impulsividad en el TLP no consiste simplemente en actuar sin pensar. En muchas ocasiones, una conducta impulsiva aparece cuando una emoción se vuelve tan intensa que necesitamos aliviarla cuanto antes.

Discutir.

Comprar.

Comer.

Beber.

Mandar un mensaje.

Tomar una decisión repentina.

Terminar una relación.

Durante unos minutos, hacer algo puede resultar más fácil que permanecer con aquello que estamos sintiendo.

Por eso, comprender la impulsividad no significa justificar nuestras acciones. Significa descubrir qué ocurre antes de ellas.

¿Qué es la impulsividad?

La impulsividad es la tendencia a actuar rápidamente sin valorar suficientemente las consecuencias.

Todos podemos comportarnos de forma impulsiva alguna vez.

Compramos algo que no necesitábamos.

Contestamos demasiado rápido.

Tomamos una decisión en caliente.

Esto no significa que exista un problema psicológico.

Sin embargo, la impulsividad puede convertirse en una dificultad cuando aparece con frecuencia y genera consecuencias importantes.

¿Qué relación existe entre TLP e impulsividad?

La impulsividad puede aparecer en el trastorno límite de la personalidad (TLP).

Sin embargo, no todas las personas con TLP presentan el mismo nivel de impulsividad.

Además, una conducta impulsiva puede aparecer en muchos otros problemas psicológicos.

Por eso, no debemos utilizarla de forma aislada para establecer un diagnóstico.

En el TLP resulta especialmente importante comprender su relación con las emociones.

Cuando una emoción necesita una salida inmediata

Imagina una discusión con alguien importante.

Aparece miedo.

Después enfado.

Notas tensión en el cuerpo.

Empiezas a pensar:

“No puedo soportar esto.”

Entonces surge un impulso.

Hacer algo.

Lo que sea.

La conducta puede cambiar la emoción durante unos minutos.

Precisamente por eso puede resultar tan difícil frenarla.

La impulsividad puede intentar regular una emoción

Esta idea es importante.

Algunas conductas impulsivas cumplen una función.

Por ejemplo, pueden ayudarnos a:

  • Reducir tensión.
  • Escapar momentáneamente de una emoción.
  • Evitar sentir vacío.
  • Recuperar una sensación de control.
  • Buscar conexión con otra persona.
  • Distraernos.
  • Obtener alivio inmediato.

Esto no significa que sean estrategias útiles a largo plazo.

Sin embargo, explica por qué podemos repetirlas.

El alivio puede reforzar la conducta

Imagina que sentimos una emoción muy intensa.

Actuamos impulsivamente.

Durante unos minutos, el malestar disminuye.

Nuestro cerebro aprende:

“Esto me ha ayudado a sentirme mejor.”

La próxima vez que aparezca una emoción similar, el mismo impulso puede regresar.

Así puede formarse un círculo:

emoción intensa → impulso → conducta → alivio → consecuencias → nuevo malestar.

Comprender este círculo puede ser un primer paso para modificarlo.

¿Cómo puede aparecer la impulsividad en el TLP?

No existe una única forma.

Puede aparecer en diferentes áreas de la vida.

Por ejemplo:

  • Gastos impulsivos.
  • Consumo de alcohol u otras sustancias.
  • Episodios de ingesta impulsiva.
  • Decisiones repentinas.
  • Conductas sexuales de riesgo.
  • Abandonar proyectos de forma brusca.
  • Reacciones intensas durante una discusión.
  • Conductas que buscan aliviar rápidamente el malestar.

No todas estas conductas aparecen en todas las personas.

Además, su presencia no implica automáticamente un TLP.

Impulsividad en las relaciones

Las relaciones pueden activar emociones especialmente intensas.

Por ejemplo, nuestra pareja tarda en responder.

Aparece miedo al abandono.

Después llega el enfado.

Entonces mandamos un mensaje impulsivamente.

Quizá decimos algo que realmente no queríamos decir.

O tomamos una decisión radical:

“Se acabó. No quiero volver a verte.”

Horas después, cuando la emoción disminuye, nuestra percepción puede cambiar.

Entonces aparece arrepentimiento.

Miedo al abandono e impulsividad

El miedo al abandono puede generar una sensación de urgencia.

“Tengo que hacer algo antes de que se vaya.”

Esa urgencia puede llevarnos a buscar contacto inmediatamente.

También podemos discutir, exigir explicaciones o alejarnos.

La conducta intenta recuperar seguridad.

Sin embargo, algunas reacciones pueden terminar generando más tensión en la relación.

En el artículo sobre TLP y relaciones de pareja explico este patrón con mayor profundidad.

Cuando actuamos para no sentir

No todas las conductas impulsivas están relacionadas con otras personas.

A veces intentamos escapar de nuestro propio estado emocional.

Sentimos ansiedad.

Vacío.

Tristeza.

Enfado.

O una mezcla difícil de identificar.

Entonces aparece:

“Necesito hacer algo.”

La conducta puede convertirse en una vía rápida para modificar lo que sentimos.

El problema del alivio inmediato

Nuestro cerebro presta mucha atención a las recompensas inmediatas.

Por eso, una estrategia puede repetirse aunque sepamos que después tendrá consecuencias.

En el momento de mayor intensidad emocional, el futuro puede perder importancia.

Solo existe una prioridad:

sentirnos mejor ahora.

Más tarde llegan las consecuencias.

Después puede aparecer culpa

Cuando disminuye la emoción, podemos observar nuestra conducta desde otra perspectiva.

Entonces aparecen pensamientos como:

“¿Por qué he hecho esto?”

“Otra vez lo he estropeado.”

“Nunca voy a cambiar.”

La culpa genera más malestar.

Y ese nuevo malestar puede aumentar la vulnerabilidad ante otra conducta impulsiva.

Por eso, castigarnos constantemente no siempre ayuda a cambiar.

Comprender no significa justificar

Podemos entender por qué apareció una conducta y, al mismo tiempo, asumir responsabilidad sobre ella.

Ambas cosas son compatibles.

Comprender significa preguntarnos:

“¿Qué estaba ocurriendo dentro de mí antes de actuar?”

No significa:

“Como estaba mal, cualquier cosa que hiciera estaba justificada.”

Esta diferencia resulta fundamental en terapia.

¿Por qué cuesta tanto detenerse?

Cuando estamos tranquilos podemos pensar:

“La próxima vez no reaccionaré así.”

Sin embargo, durante una emoción intensa nuestro estado cambia.

Pensamos de otra manera.

Sentimos urgencia.

Además, nuestra atención se centra en aquello que está ocurriendo en ese momento.

Por eso, no basta siempre con saber intelectualmente qué deberíamos hacer.

Necesitamos practicar otras respuestas.

Detectar las señales anteriores

La conducta impulsiva suele tener antecedentes.

Quizá sentimos presión en el pecho.

Empezamos a caminar de un lado a otro.

Nuestra respiración cambia.

Aparecen determinados pensamientos.

Sentimos una necesidad urgente de actuar.

Aprender a reconocer estas señales puede ayudarnos a intervenir antes.

Crear espacio entre emoción y conducta

No siempre podemos elegir qué emoción aparece.

Sin embargo, podemos trabajar sobre lo que hacemos después.

El objetivo consiste en crear un pequeño espacio.

Siento → noto el impulso → espero → decido.

Al principio ese espacio puede durar muy poco.

Pero incluso unos minutos pueden cambiar nuestra respuesta.

Retrasar una conducta puede ayudar

A veces pensamos que solo existen dos opciones:

hacer algo o prohibírnoslo completamente.

Sin embargo, podemos introducir una tercera:

esperar.

Por ejemplo:

“No voy a tomar esta decisión durante los próximos veinte minutos.”

Durante ese tiempo podemos observar qué ocurre con la emoción.

Quizá siga presente.

Sin embargo, su intensidad puede cambiar.

Esto permite decidir desde un estado diferente.

Regular primero, decidir después

Cuando estamos completamente desbordados, quizá no sea el mejor momento para tomar una decisión importante.

Podemos aprender una regla sencilla:

primero regular; después decidir.

Eso puede significar alejarnos temporalmente de una discusión.

Respirar.

Caminar.

Escribir lo que sentimos sin enviarlo.

Hablar con alguien.

O utilizar otras estrategias que hayamos trabajado.

El objetivo no es evitar el problema.

Es afrontarlo cuando podamos elegir mejor nuestra respuesta.

Tolerar el malestar

Parte del trabajo también consiste en aprender que una emoción intensa puede existir sin que tengamos que eliminarla inmediatamente.

Esto no es fácil.

Sobre todo cuando llevamos mucho tiempo utilizando determinadas conductas para reducir el malestar.

Sin embargo, las emociones cambian.

Suben.

Se mantienen.

Y también disminuyen.

Podemos aprender a acompañar ese proceso sin responder siempre mediante una conducta impulsiva.

Impulsividad y sensación de vacío

En ocasiones, la impulsividad no aparece después de una emoción claramente identificable.

Puede aparecer ante una sensación de vacío.

Aburrimiento.

Desconexión.

Falta de sentido.

Entonces buscamos intensidad.

Algo que nos haga sentir.

Este patrón merece una atención específica.

Por eso, el siguiente artículo del clúster estará dedicado al TLP y la sensación de vacío.

¿La impulsividad significa tener TLP?

No.

Esto merece repetirse.

La impulsividad aparece en muchos contextos.

También puede formar parte de nuestra personalidad sin constituir un trastorno.

Por eso, necesitamos observar el conjunto.

La frecuencia, la intensidad, las consecuencias y otros patrones son importantes.

Puedes conocer más sobre el diagnóstico en Trastorno límite de la personalidad (TLP): qué es y cómo puede manifestarse.

¿Se puede aprender a controlar mejor los impulsos?

Sí.

Sin embargo, prefiero hablar de regular y elegir en lugar de limitar todo el trabajo al control.

Podemos aprender a:

  • Identificar desencadenantes.
  • Reconocer emociones.
  • Detectar señales corporales.
  • Observar el impulso sin actuar inmediatamente.
  • Retrasar determinadas decisiones.
  • Tolerar mejor el malestar.
  • Buscar alternativas.
  • Reparar las consecuencias cuando sea necesario.

El objetivo no es no volver a sentir ningún impulso.

Buscamos aumentar nuestra capacidad para decidir qué hacemos con él.

¿Cómo puede ayudar la terapia?

En terapia podemos reconstruir la secuencia.

¿Qué ocurrió?

¿Qué pensaste?

¿Qué sentiste?

¿Qué notaste en tu cuerpo?

¿Qué impulso apareció?

¿Qué hiciste?

¿Qué ocurrió después?

Así dejamos de ver la conducta como algo inexplicable.

Empezamos a comprender su funcionamiento.

Después podemos buscar puntos concretos donde introducir cambios.

No buscamos hacerlo perfecto

Trabajar la impulsividad lleva tiempo.

Puede haber avances.

También puede haber momentos difíciles.

Una reacción impulsiva no significa que todo el trabajo anterior haya desaparecido.

Podemos utilizarla para comprender mejor el patrón.

¿Qué ocurrió esta vez?

¿Qué señales no detectamos?

¿Qué podríamos probar de manera diferente?

El proceso no necesita convertirse en otra exigencia de perfección.

¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Puede ser útil consultar cuando:

  • Actúas impulsivamente con frecuencia.
  • Tus decisiones generan consecuencias importantes.
  • Las emociones te llevan a hacer cosas que después lamentas.
  • Las discusiones terminan escalando rápidamente.
  • Te cuesta detenerte cuando aparece un impulso.
  • Utilizas determinadas conductas para escapar del malestar.
  • Sientes culpa después de reaccionar.
  • El patrón se repite aunque intentas cambiarlo.

No necesitas esperar a que las consecuencias sean graves.

Psicólogo para TLP e impulsividad en Vitoria

Si sientes que determinadas emociones te llevan a actuar de una manera que después lamentas, podemos trabajarlo juntos.

Primero podemos comprender qué activa el impulso.

Después aprenderemos a detectar las señales que aparecen antes.

Además, podemos desarrollar estrategias para crear más espacio entre lo que sientes y lo que haces.

Este trabajo forma parte de mi abordaje como psicólogo para trastornos de personalidad en Vitoria.

No se trata de dejar de sentir

Una emoción intensa puede pedirnos una respuesta inmediata.

Pero sentir urgencia no significa que tengamos que actuar con urgencia.

Podemos aprender a detenernos.

A escuchar lo que está ocurriendo.

Y después elegir.

Ese pequeño espacio entre emoción y acción puede convertirse en una parte muy importante del cambio.

¿Quieres que lo trabajemos juntos?

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