Abres Instagram y alguien está viajando.
Un antiguo compañero acaba de conseguir un trabajo mejor.
Un amigo se ha comprado una casa.
Otra persona parece tener una relación perfecta.
Y casi sin darte cuenta aparece una pregunta:
«¿Y yo qué estoy haciendo con mi vida?»
Compararnos con los demás es completamente humano. El problema aparece cuando esa comparación se convierte en una medida constante de nuestro propio valor.
Entonces dejamos de mirar a los demás simplemente para orientarnos y empezamos a utilizarlos como una especie de espejo en el que casi siempre salimos perdiendo.
¿Por qué nos comparamos con los demás?
La comparación social cumple una función.
Desde pequeños aprendemos quiénes somos también observando a quienes nos rodean.
Nos permite valorar nuestras capacidades, conocer nuestras límites y orientarnos dentro de un grupo.
Por eso, compararse no es necesariamente negativo.
El problema aparece cuando la comparación deja de aportarnos información y empieza a convertirse en un juicio:
«Él ha llegado más lejos que yo.»
«Ella tiene algo que yo no tengo.»
«Todos avanzan menos yo.»
En ese momento ya no estamos observando diferencias.
Estamos utilizando esas diferencias para decidir cuánto valemos.
La trampa: comparar nuestro interior con el exterior de los demás
Existe una desigualdad importante en muchas comparaciones.
De nosotros conocemos todo.
Las dudas.
Los fracasos.
Los miedos.
Las oportunidades que dejamos pasar.
Los días en los que sentimos que no podemos más.
De los demás, en cambio, conocemos principalmente aquello que muestran.
Y aun así utilizamos ambas cosas como si fueran comparables.
Vemos el resultado de otra persona y lo enfrentamos a todas nuestras inseguridades.
Es una competición bastante difícil de ganar.
Si esta tendencia está afectando a la forma en que te valoras, puede interesarte leer también Señales de una baja autoestima.
Las redes sociales han multiplicado las oportunidades para compararnos
Nunca habíamos tenido acceso a la vida de tantas personas.
En unos pocos minutos podemos observar cuerpos, viajes, relaciones, trabajos, casas y logros de cientos de personas.
Pero rara vez vemos la historia completa.
Vemos las vacaciones, no la discusión del día anterior.
El ascenso laboral, no los años de inseguridad.
La fotografía de pareja, no sus conflictos.
El resultado final, no todo lo que ocurrió antes.
El problema no son necesariamente las redes sociales.
El problema aparece cuando utilizamos esa selección de momentos ajenos como referencia para evaluar nuestra vida cotidiana.
¿Por qué siempre parece que los demás están mejor?
Porque normalmente no nos comparamos con cualquier persona.
Nuestra atención tiende a dirigirse hacia quienes poseen aquello que nosotros sentimos que nos falta.
Si estás preocupado por tu carrera profesional, probablemente observarás a quienes parecen tener más éxito.
Si te preocupa tu físico, repararás más en personas que consideras atractivas.
Si estás soltero y deseas tener pareja, quizá parezca que absolutamente todo el mundo está enamorado.
La mente empieza a seleccionar precisamente aquello que confirma nuestra sensación de insuficiencia.
Cuando la comparación afecta a la autoestima
El problema aparece cuando nuestro valor empieza a depender de nuestra posición respecto a otras personas.
Siempre habrá alguien que gane más.
Que tenga más seguidores.
Que parezca más atractivo.
Que haya conseguido determinadas cosas antes.
Si necesitamos estar por encima de los demás para sentirnos suficientes, nuestra autoestima estará siempre en peligro.
Una autoestima más estable permite reconocer que otra persona puede destacar en algo sin que eso disminuya nuestro propio valor.
Si quieres comprender mejor cómo se construye esta relación contigo mismo, puedes leer ¿Qué es la autoestima y por qué influye tanto en tu vida?
¿Cómo dejar de compararte tanto?
Probablemente no puedas eliminar completamente la comparación.
Y tampoco necesitas hacerlo.
El objetivo es aprender a relacionarte con ella de otra manera.
1. Observa cuándo aparece
Empieza a detectar qué situaciones activan especialmente la comparación.
¿Instagram?
¿El trabajo?
¿Tu grupo de amigos?
¿Determinadas personas?
Conocer los desencadenantes permite comprender mejor qué hay detrás.
2. Pregúntate qué estás buscando
A veces la comparación señala algo importante.
Si sientes envidia del trabajo de otra persona, quizá no necesites dejar de sentirla inmediatamente.
Puedes preguntarte:
«¿Qué tiene esa vida que yo también deseo?»
La comparación puede convertirse así en información sobre tus necesidades y valores.
3. Recuerda qué estás comparando
Pregúntate:
«¿Conozco realmente toda la historia de esta persona?»
La respuesta casi siempre será no.
Estás comparando una parte visible de su vida con una visión completa de la tuya.
4. Cambia la referencia
En lugar de preguntarte continuamente cómo estás respecto a los demás, prueba otra comparación:
«¿Cómo estoy respecto a mí mismo hace un año?»
Tus avances resultan mucho más visibles cuando dejas de utilizar constantemente la vida de otras personas como unidad de medida.
5. Construye una vida que tenga sentido para ti
Cuanto más claro tienes qué quieres, qué valoras y hacia dónde deseas avanzar, menos necesitas utilizar las decisiones de otras personas para evaluar las tuyas.
No todo el mundo quiere la misma vida.
Y no existe un único calendario correcto para vivirla.
No necesitas sentirte superior para sentirte suficiente
Trabajar la autoestima no consiste en convencerte de que eres mejor que los demás.
Consiste precisamente en necesitar cada vez menos esa comparación para saber cuánto vales.
Puedes admirar a alguien sin sentirte inferior.
Reconocer sus logros sin despreciar los tuyos.
Y aceptar que otra persona esté recorriendo un camino diferente sin interpretar que tú llegas tarde.
Si quieres empezar a trabajar de forma más concreta esta relación contigo mismo, también puede interesarte ¿Cómo mejorar la autoestima?
¿Cuándo puede ayudarte la terapia?
Si la comparación constante está generando ansiedad, inseguridad, sentimientos de inferioridad o condicionando tus decisiones, puede ser útil explorar qué necesidad existe detrás.
A veces no necesitamos aprender simplemente a «compararnos menos».
Necesitamos comprender por qué la vida de los demás se ha convertido en el criterio con el que medimos la nuestra.
Puedes conocer cómo trabajo este tipo de procesos en mi página de Psicólogo autoestima en Vitoria.
Tu vida no necesita parecerse a la de los demás
Quizá siempre haya alguien que parezca ir por delante.
Pero vivir intentando alcanzar constantemente la vida de otras personas puede hacer que olvidemos construir la nuestra.
Una autoestima más sana no elimina todas las inseguridades.
Nos permite dejar de utilizarlas como prueba de que somos menos que los demás.
Si sientes que la comparación, la inseguridad o la sensación de no ser suficiente están condicionando tu vida, podemos trabajarlo juntos.