Todos tenemos rasgos que forman parte de nuestra personalidad.
Podemos ser tímidos, impulsivos, perfeccionistas o muy sensibles. También podemos necesitar aprobación o sentirnos inseguros en algunas relaciones.
Sin embargo, tener estos rasgos no significa tener un trastorno de personalidad.
Esta diferencia es importante.
A veces leemos una lista de síntomas y pensamos:
“Yo hago varias de estas cosas. ¿Significa que tengo un trastorno?”
No necesariamente.
Para entenderlo, necesitamos mirar más allá de un rasgo aislado.
¿Qué son los rasgos de personalidad?
Los rasgos de personalidad son tendencias relativamente estables en nuestra forma de pensar, sentir y actuar.
Por ejemplo, una persona puede ser muy sociable.
Otra puede necesitar más tiempo a solas.
Alguien puede reaccionar rápidamente ante los problemas. En cambio, otra persona necesita reflexionar antes de actuar.
También podemos ser:
- Más sensibles al rechazo.
- Más perfeccionistas.
- Más desconfiados.
- Más impulsivos.
- Más dependientes.
- Más reservados.
- Más emocionales.
- Más rígidos.
Ninguno de estos rasgos es, por sí mismo, un trastorno psicológico.
Todos tenemos una personalidad
No existe una personalidad completamente neutra.
Todos desarrollamos una forma particular de relacionarnos con el mundo.
Además, nuestros rasgos pueden tener ventajas y dificultades.
Por ejemplo, una persona muy perfeccionista puede ser responsable y cuidadosa. Sin embargo, también puede sufrir cuando siente que nunca hace las cosas suficientemente bien.
Una persona sensible puede conectar profundamente con los demás. A la vez, puede sentirse más afectada por algunas críticas.
Por tanto, un mismo rasgo puede funcionar de manera diferente según la situación.
¿Qué es un trastorno de personalidad?
Un trastorno de personalidad implica algo más amplio que tener determinados rasgos.
Hablamos de patrones persistentes que pueden afectar de forma importante a diferentes áreas de la vida.
Por ejemplo, pueden generar problemas en:
- Las relaciones.
- El trabajo.
- La autoestima.
- La regulación emocional.
- La toma de decisiones.
- La percepción de uno mismo.
Además, estos patrones suelen resultar difíciles de modificar.
La persona puede reconocerlos y, aun así, sentir que vuelve a responder de la misma manera.
La diferencia está en la rigidez
Esta es una de las claves.
Un rasgo puede ser flexible.
Imagina que eres una persona reservada.
Quizá normalmente prefieres escuchar. Sin embargo, puedes hablar cuando una situación lo requiere.
Existe capacidad de adaptación.
En cambio, un patrón muy rígido puede aparecer incluso cuando deja de resultar útil.
La persona siente que no dispone de otra manera de responder.
Por eso, la flexibilidad importa tanto como el propio rasgo.
También importa la intensidad
No es lo mismo sentir cierta inseguridad ante el rechazo que vivir constantemente pendiente de él.
Tampoco es lo mismo tomar alguna decisión impulsiva que experimentar impulsividad de forma frecuente y con consecuencias importantes.
Por tanto, debemos observar la intensidad.
Un rasgo puede formar parte de nuestra personalidad sin generar grandes dificultades.
Sin embargo, cuando aparece con mucha intensidad, puede condicionar nuestro bienestar.
¿Cuánto interfiere en tu vida?
Esta es otra pregunta importante.
Podemos preguntarnos:
“¿Este patrón me impide hacer cosas que quiero hacer?”
Por ejemplo, una persona puede sentir cierta timidez y mantener relaciones satisfactorias.
Otra puede evitar constantemente conocer gente por miedo al rechazo.
El rasgo puede parecer similar.
Sin embargo, su impacto es muy diferente.
Por eso, la interferencia en la vida cotidiana es un aspecto relevante.
¿El patrón aparece en muchas situaciones?
También debemos observar dónde aparece.
Quizá tenemos dificultades únicamente con una persona concreta.
Eso no significa necesariamente que exista un patrón general de personalidad.
En cambio, podemos encontrar problemas similares en muchas relaciones.
Por ejemplo:
“Siempre termino pensando que me van a abandonar.”
O:
“Me cuesta confiar en prácticamente todo el mundo.”
Cuando una forma de responder aparece en contextos diferentes y durante mucho tiempo, merece una exploración más profunda.
La historia también importa
Nuestra personalidad no aparece de un día para otro.
Se desarrolla durante años.
Influyen nuestro temperamento, nuestras experiencias y nuestras relaciones.
Además, aprendemos formas de protegernos y adaptarnos.
Por ejemplo, una persona puede haber aprendido a evitar los conflictos.
Otra puede buscar continuamente aprobación.
Otra puede mantenerse siempre alerta ante un posible rechazo.
Estas estrategias pueden haber tenido sentido en determinados momentos.
Sin embargo, algunas dejan de ayudarnos con el tiempo.
¿Ser muy emocional significa tener un trastorno?
No.
Sentir emociones con intensidad no implica por sí mismo un trastorno de personalidad.
Hay personas especialmente sensibles.
También existen momentos vitales en los que nuestras emociones pueden intensificarse.
Por ejemplo, una ruptura, una pérdida o un periodo de estrés pueden afectar mucho a nuestra regulación emocional.
Por eso, debemos comprender el contexto.
No podemos diagnosticar un trastorno simplemente porque alguien sienta mucho.
¿Ser impulsivo significa tener un trastorno?
Tampoco.
Todos podemos actuar impulsivamente alguna vez.
Quizá compramos algo sin pensarlo.
Contestamos rápidamente durante una discusión.
O tomamos una decisión de la que después nos arrepentimos.
La cuestión es diferente cuando la impulsividad aparece de manera frecuente y genera consecuencias importantes.
Además, debemos comprender qué ocurre antes de actuar.
A veces la conducta impulsiva intenta reducir rápidamente una emoción difícil.
¿Tener miedo al abandono significa tener TLP?
No necesariamente.
El miedo al abandono puede aparecer en muchas personas.
También puede relacionarse con experiencias de apego, inseguridad o relaciones anteriores.
Por tanto, miedo al abandono no equivale automáticamente a trastorno límite de la personalidad.
Para valorar un posible TLP necesitamos observar un patrón mucho más amplio.
En el próximo artículo profundizaremos precisamente en este diagnóstico.
¿Ser dependiente significa tener un trastorno?
Necesitar a otras personas tampoco es un problema en sí mismo.
Somos seres sociales.
Pedimos ayuda.
Buscamos apoyo.
Necesitamos afecto.
Sin embargo, la dependencia puede convertirse en una dificultad cuando sentimos que no podemos funcionar sin otra persona.
Por ejemplo, puede costarnos mucho tomar decisiones solos.
También podemos tolerar situaciones perjudiciales por miedo a perder una relación.
De nuevo, necesitamos observar el grado y las consecuencias.
¿Ser evitativo significa tener un trastorno?
Una persona puede ser tímida o introvertida y sentirse bien con ello.
Otra puede querer relacionarse, pero evitar hacerlo por miedo a ser rechazada.
Aunque desde fuera ambas parezcan reservadas, la experiencia interna puede ser muy distinta.
Por eso, no debemos diagnosticar basándonos únicamente en una conducta visible.
Necesitamos comprender qué hay detrás de ella.
Un mismo comportamiento puede tener funciones diferentes
Imagina dos personas que cancelan una cena.
La primera está cansada y quiere descansar.
La segunda quiere acudir, pero siente tanto miedo a ser juzgada que decide quedarse en casa.
La conducta es la misma.
La función es diferente.
Esto ocurre continuamente en psicología.
Por eso, una lista de comportamientos nunca sustituye una evaluación individual.
Cuidado con los diagnósticos en redes sociales
Actualmente encontramos mucha información psicológica en Internet.
Parte de ella puede resultar útil.
Sin embargo, también podemos caer en una identificación excesiva.
Leemos:
“Cinco señales de que tienes TLP.”
Reconocemos tres.
Entonces pensamos:
“Lo tengo.”
Pero muchos síntomas aparecen también en otros problemas psicológicos.
Además, algunas experiencias forman parte de la vida sin constituir un trastorno.
Por eso, debemos utilizar esta información como orientación, no como diagnóstico.
¿Cómo sabemos si existe un trastorno de personalidad?
No existe una única pregunta que pueda responderlo.
Una evaluación psicológica analiza diferentes aspectos.
Por ejemplo:
- Desde cuándo aparecen los patrones.
- En qué situaciones ocurren.
- Qué intensidad tienen.
- Cómo afectan a la vida.
- Qué consecuencias generan.
- Cómo funcionan las relaciones.
- Cómo se regulan las emociones.
- Cómo se percibe la persona a sí misma.
Además, debemos valorar otras posibles explicaciones.
El objetivo no es encontrar rápidamente una etiqueta.
Es comprender qué está ocurriendo.
El diagnóstico puede ser útil, pero tiene límites
Para algunas personas, recibir un diagnóstico supone alivio.
Finalmente encuentran una explicación para experiencias que llevaban años sin comprender.
Además, un diagnóstico puede orientar el tratamiento.
Sin embargo, también puede convertirse en una etiqueta rígida.
“Soy así porque tengo esto.”
Por eso, conviene recordar algo importante:
un diagnóstico describe determinados patrones, pero no describe completamente a una persona.
Los rasgos pueden cambiar
Nuestra personalidad tiene cierta estabilidad.
Sin embargo, eso no significa que permanezca completamente igual durante toda nuestra vida.
Las experiencias nos modifican.
Las relaciones también.
Además, podemos aprender nuevas formas de regular nuestras emociones y relacionarnos.
Por eso, trabajar un patrón no significa cambiar nuestra identidad.
Significa aumentar nuestra flexibilidad.
¿Qué significa ser más flexible?
Imagina que una crítica activa inmediatamente una reacción intensa.
Antes quizá solo existía una respuesta:
enfadarte y alejarte.
Con el tiempo podemos desarrollar otras opciones.
Escuchar.
Preguntar.
Esperar antes de responder.
Expresar que algo nos ha dolido.
Poner un límite.
La emoción puede seguir apareciendo.
Sin embargo, ahora tenemos más posibilidades.
Eso es flexibilidad.
¿Cuándo puede ayudar la terapia?
Puede ser útil consultar cuando determinados rasgos o patrones empiezan a generar sufrimiento.
Por ejemplo, si:
- Repites relaciones que terminan de forma parecida.
- El rechazo te afecta de manera muy intensa.
- Dependemos demasiado de la aprobación externa.
- Te cuesta regular algunas emociones.
- Actúas impulsivamente con frecuencia.
- Evitas situaciones que realmente deseas vivir.
- Te cuesta establecer límites.
- Sientes que siempre reaccionas igual.
No necesitas saber si existe un trastorno para empezar a trabajar estas dificultades.
Psicólogo para trastornos de personalidad en Vitoria
Si reconoces algunos de estos patrones y están afectando a tu vida, podemos trabajarlos juntos.
Primero intentaremos comprender cómo funcionan.
Después podremos explorar qué emociones los activan y qué función cumplen.
El objetivo no será cambiar quién eres.
Buscaremos desarrollar formas más flexibles de responder a aquello que te ocurre.
Puedes conocer más sobre este trabajo en Psicólogo para trastornos de personalidad en Vitoria.
Un rasgo no es una sentencia
Podemos ser impulsivos y aprender a detenernos antes de actuar.
Podemos ser sensibles al rechazo y aprender a gestionarlo.
También podemos necesitar a los demás y desarrollar mayor autonomía.
Nuestros rasgos forman parte de nosotros.
Pero no tienen por qué decidir siempre cómo actuamos.
Comprenderlos puede ser el primer paso para disponer de más opciones.