Nuestra personalidad influye en cómo pensamos, sentimos y nos relacionamos con los demás.
También influye en cómo reaccionamos ante un conflicto, una crítica o una situación difícil.
Todos tenemos una forma particular de afrontar estas experiencias. Además, todos tenemos rasgos que nos caracterizan.
Sin embargo, algunos patrones pueden volverse muy rígidos. Cuando esto ocurre, pueden generar sufrimiento o dificultades importantes.
En esos casos, podemos hablar de un trastorno de personalidad.
¿Qué significa tener un trastorno de personalidad?
Un trastorno de personalidad implica un patrón persistente de pensamientos, emociones y comportamientos.
Estos patrones suelen aparecer en diferentes áreas de la vida. Por ejemplo, pueden afectar a las relaciones, al trabajo o a la forma de vernos a nosotros mismos.
Además, suelen resultar difíciles de modificar.
La persona puede reconocer que algo se repite. Sin embargo, puede no saber cómo responder de otra manera.
Por ejemplo:
“Sé que reacciono así, pero no consigo evitarlo.”
O:
“Mis relaciones siempre terminan de una forma parecida.”
Por eso, comprender el patrón suele ser un primer paso importante.
¿Todos tenemos rasgos de personalidad?
Sí.
Todos tenemos determinados rasgos de personalidad.
Una persona puede ser más sensible. Otra puede ser más reservada. Algunas personas necesitan más seguridad en sus relaciones.
También podemos ser impulsivos, perfeccionistas o desconfiados en determinados momentos.
Esto forma parte de la diversidad humana.
Por tanto, tener un rasgo concreto no significa tener un trastorno de personalidad.
¿Cuándo puede convertirse en un problema?
La clave está en observar cuánto condiciona nuestra vida.
Por ejemplo, un patrón puede convertirse en un problema cuando aparece de forma muy rígida y repetitiva.
Además, puede generar dificultades en varias áreas.
Algunas señales pueden ser:
- Relaciones que siguen patrones similares.
- Emociones difíciles de regular.
- Miedo intenso al rechazo o al abandono.
- Dificultad para confiar en los demás.
- Problemas para establecer límites.
- Impulsividad.
- Dependencia excesiva de otras personas.
- Evitación de situaciones importantes.
- Sensación de vacío.
- Dificultades relacionadas con la propia identidad.
Aun así, ninguna de estas señales permite realizar un diagnóstico por sí sola.
Es necesario comprender cada caso de forma individual.
¿Por qué aparecen estos patrones?
No existe una única causa.
Nuestra personalidad se desarrolla a lo largo de muchos años. Por eso, diferentes factores pueden influir en ella.
Por ejemplo, pueden intervenir:
- El temperamento.
- Las experiencias familiares.
- Las relaciones importantes.
- La forma de aprender a gestionar las emociones.
- Las experiencias adversas.
- El entorno.
- Las experiencias de aceptación o rechazo.
Sin embargo, no debemos buscar siempre una única explicación.
Nuestra personalidad surge de la interacción entre muchos elementos.
Los patrones pueden tener una función
A veces juzgamos determinadas reacciones.
Pensamos:
“No debería comportarme así.”
Sin embargo, puede ser más útil preguntarnos:
“¿Para qué aprendí a reaccionar así?”
Quizá alejarnos nos ayudó a protegernos del rechazo.
Tal vez buscar constantemente la aprobación nos proporcionaba seguridad.
O quizá reaccionar rápidamente nos ayudaba a escapar de emociones difíciles.
Comprender la función de un patrón no significa justificar todas sus consecuencias.
En cambio, nos permite entender mejor por qué resulta tan difícil cambiarlo.
Los problemas suelen aparecer en las relaciones
Muchas dificultades relacionadas con la personalidad se hacen especialmente visibles en nuestras relaciones.
Tiene sentido.
Las relaciones importantes activan emociones intensas.
Por ejemplo, pueden aparecer:
- Miedo al abandono.
- Celos.
- Desconfianza.
- Necesidad de aprobación.
- Dependencia.
- Miedo al rechazo.
- Dificultad para establecer límites.
Además, podemos interpretar determinadas situaciones desde experiencias anteriores.
Un pequeño distanciamiento puede sentirse como un abandono.
Una crítica puede sentirse como un rechazo completo.
Por eso, trabajar nuestras relaciones puede ser una parte importante de la terapia.
Personalidad y regulación emocional
Las emociones también tienen un papel importante.
Algunas personas sienten determinadas emociones con mucha intensidad.
Por ejemplo, pueden pasar rápidamente de la tranquilidad al enfado.
También pueden experimentar ansiedad, tristeza o miedo de forma intensa.
Cuando esto ocurre, resulta difícil pensar con claridad.
Entonces podemos actuar de manera impulsiva.
Después puede aparecer arrepentimiento.
Por eso, aprender a regular las emociones puede ayudar a romper algunos patrones.
¿Qué ocurre con el miedo al abandono?
El miedo al abandono puede aparecer en diferentes dificultades psicológicas.
Una persona puede interpretar pequeñas señales como indicios de que alguien va a marcharse.
Por ejemplo, un mensaje que tarda en llegar puede activar mucha ansiedad.
Entonces puede buscar tranquilidad de forma inmediata.
También puede enfadarse, insistir o alejarse antes de sentirse abandonada.
Sin embargo, el miedo al abandono no implica automáticamente un trastorno de personalidad.
Siempre debemos valorar el contexto completo.
¿Y la impulsividad?
La impulsividad también puede aparecer de diferentes formas.
Puede afectar a las decisiones, las relaciones o la forma de gestionar el malestar.
Por ejemplo, una emoción intensa puede llevarnos a actuar rápidamente.
En ese momento buscamos alivio.
Sin embargo, después pueden aparecer consecuencias que generan todavía más malestar.
Por eso, en terapia no trabajamos únicamente sobre la conducta final.
También exploramos qué ocurre antes de actuar.
Trastorno límite de la personalidad
Uno de los diagnósticos más conocidos es el trastorno límite de la personalidad (TLP).
Puede incluir dificultades relacionadas con la regulación emocional, la impulsividad, las relaciones o la percepción de uno mismo.
Además, algunas personas pueden experimentar un intenso miedo al abandono.
Otras describen una sensación persistente de vacío.
Sin embargo, cada persona es diferente.
Por tanto, no debemos reducir el TLP a una lista de síntomas.
Más adelante profundizaremos específicamente en este trastorno.
Personalidad evitativa
En otros casos predomina el miedo al rechazo.
La persona desea relacionarse. Sin embargo, teme ser juzgada, criticada o rechazada.
Por eso puede evitar situaciones sociales.
El alivio aparece rápidamente.
No obstante, la evitación también puede aumentar el aislamiento.
Además, puede reforzar pensamientos como:
“No soy suficientemente bueno.”
Así, el patrón puede mantenerse con el tiempo.
Personalidad dependiente
También existen patrones relacionados con una necesidad intensa de apoyo.
Tomar decisiones sin consultar a otra persona puede resultar muy difícil.
Además, puede aparecer miedo a perder determinadas relaciones.
Esto puede llevar a aceptar situaciones que generan sufrimiento.
De nuevo, necesitar apoyo no significa tener un trastorno.
Todos dependemos de otras personas en determinados momentos.
La dificultad aparece cuando nuestra autonomía queda muy limitada.
¿Un trastorno de personalidad dura toda la vida?
No debemos entender la personalidad como algo completamente inmutable.
Algunos patrones pueden estar presentes durante muchos años. Sin embargo, eso no significa que no puedan cambiar.
La terapia puede ayudar a aumentar nuestra flexibilidad.
Por ejemplo, podemos aprender a:
- Identificar nuestros patrones.
- Regular mejor las emociones.
- Comprender nuestras necesidades.
- Establecer límites.
- Tolerar mejor determinadas situaciones.
- Relacionarnos de una forma diferente.
- Responder con menos impulsividad.
El objetivo no es convertirnos en otra persona.
El objetivo es ampliar nuestras posibilidades de respuesta.
¿Un diagnóstico define quién soy?
No.
Un diagnóstico puede ayudar a comprender determinados problemas.
También puede orientar el tratamiento.
Sin embargo, nunca explica completamente a una persona.
Tenemos una historia.
Tenemos recursos.
Tenemos relaciones.
Tenemos valores.
Y también tenemos capacidad de cambio.
Por eso, resulta importante no convertir una etiqueta clínica en una identidad.
¿Cómo se diagnostica un trastorno de personalidad?
Un diagnóstico requiere una evaluación profesional.
No puede realizarse mediante una publicación en redes sociales o una lista encontrada en Internet.
Durante una evaluación se exploran diferentes aspectos.
Por ejemplo, la historia de la persona, sus relaciones y sus dificultades actuales.
También se observa desde cuándo aparecen determinados patrones y cómo afectan a su vida.
Por tanto, reconocerse en algunos síntomas no significa necesariamente tener un trastorno.
¿Necesito un diagnóstico para acudir a terapia?
No.
Puedes acudir a terapia porque existe algo que quieres comprender o cambiar.
Por ejemplo:
“Me afecta muchísimo sentirme rechazado.”
“Siempre termino dependiendo demasiado de mi pareja.”
“Mis emociones me desbordan.”
“Repito relaciones que me hacen daño.”
“Actúo impulsivamente y después me arrepiento.”
Podemos empezar desde ahí.
No necesitas llegar a consulta sabiendo exactamente qué diagnóstico tienes.
¿Cómo puede ayudar la terapia?
El proceso terapéutico permite observar los patrones con más claridad.
Primero podemos identificar qué situaciones los activan.
Después exploramos qué emociones aparecen.
También observamos cómo reaccionamos.
Así podemos comprender mejor el círculo.
Por ejemplo:
Situación → emoción → interpretación → reacción → consecuencia.
Una vez identificado, podemos empezar a introducir respuestas diferentes.
Trabajar sin juzgarnos
Cambiar resulta más difícil cuando cada reacción termina en un ataque contra nosotros mismos.
“Otra vez lo he hecho mal.”
“Nunca voy a cambiar.”
“Soy así.”
Por eso, comprender el patrón también implica reducir el juicio.
Podemos asumir responsabilidad sobre nuestras conductas sin convertirlas en una definición de quiénes somos.
Psicólogo para trastornos de personalidad en Vitoria
Si identificas patrones emocionales o relacionales que se repiten y generan sufrimiento, podemos trabajarlos juntos.
En terapia podemos explorar qué situaciones los activan y qué función cumplen.
Además, podemos desarrollar nuevas formas de responder.
Puedes conocer más sobre mi forma de trabajar en Psicólogo para trastornos de personalidad en Vitoria.
Comprender nuestros patrones abre nuevas posibilidades
A veces pensamos:
“Yo soy así y no puedo cambiar.”
Sin embargo, reconocer un patrón no significa estar condenado a repetirlo.
Podemos aprender a detectarlo antes.
También podemos entender qué emoción existe detrás.
Y, poco a poco, podemos construir otras respuestas.
No se trata de dejar de ser nosotros mismos.
Se trata de tener más libertad para elegir cómo queremos responder.