Hay algo especialmente frustrante en las adicciones: tomar la decisión de cambiar y descubrir que, pasado un tiempo, volvemos a repetir aquello que queríamos abandonar.
Quizá has decidido dejar de beber después de una discusión. O has prometido no volver a apostar tras perder una cantidad importante de dinero. Tal vez llevas semanas intentando abandonar el cannabis o la cocaína y, cuando pensabas que lo tenías controlado, vuelves a consumir.
Después aparecen las mismas preguntas.
«¿Por qué he vuelto a hacerlo?».
«¿Cómo es posible que haya olvidado todo lo que sufrí?».
«¿Por qué siempre termino en el mismo punto?».
La respuesta no está necesariamente en una falta de voluntad.
El ciclo de la adicción es un patrón de aprendizaje y repetición en el que determinados estímulos, deseos y consecuencias favorecen que una conducta vuelva a producirse, incluso cuando sabemos que nos perjudica.
Comprender este funcionamiento es importante porque nos permite identificar los momentos en los que podemos intervenir para empezar a cambiar.
¿Qué es el ciclo de la adicción?
El ciclo de la adicción es una forma de explicar cómo determinados factores pueden desencadenar, mantener y favorecer la repetición de una conducta adictiva.
Aunque cada persona presenta características diferentes, es frecuente encontrar una secuencia en la que aparecen situaciones desencadenantes, deseo intenso, consumo, consecuencias inmediatas y efectos posteriores.
Por ejemplo, una persona puede experimentar ansiedad después de una jornada complicada.
Entonces recuerda que beber le ayuda a relajarse.
Aparece el deseo de consumir.
Bebe y experimenta una sensación de alivio.
Sin embargo, al día siguiente se siente culpable, duerme peor o discute con su pareja.
Decide que no volverá a hacerlo.
Pero cuando aparece otra situación de estrés, puede repetirse la misma secuencia.
Este ejemplo no significa que todas las adicciones funcionen exactamente igual.
En ocasiones predomina la búsqueda de placer. En otras, el alivio del malestar, la abstinencia, los hábitos aprendidos o la exposición a determinados estímulos.
Además, no siempre existe una secuencia consciente y claramente diferenciada.
Aun así, comprender el ciclo puede ayudarnos a identificar los factores que mantienen el problema.
Las cinco fases del ciclo de la adicción
Podemos organizar este proceso en cinco momentos para facilitar su comprensión.
1. El desencadenante: algo activa el patrón
El ciclo suele comenzar con una situación interna o externa que aumenta la probabilidad de consumir.
Los desencadenantes externos pueden incluir determinados lugares, personas, horarios o circunstancias.
Por ejemplo, pasar por un bar donde solíamos beber, recibir publicidad de apuestas o encontrarnos con personas con las que consumíamos.
También existen desencadenantes internos.
Entre ellos podemos encontrar emociones, pensamientos, sensaciones físicas o recuerdos.
Una persona puede experimentar deseos de consumir cuando se siente sola.
Otra puede hacerlo cuando está eufórica y quiere prolongar esa sensación.
Y otra puede notar el impulso de apostar cuando dispone de dinero.
Por tanto, los desencadenantes no siempre son emociones desagradables.
También pueden aparecer en situaciones agradables, celebraciones o momentos asociados anteriormente al consumo.
Reconocerlos nos permite anticipar determinadas situaciones de riesgo.
2. El deseo intenso: aparece el impulso de consumir
Después del desencadenante puede aparecer lo que conocemos como craving.
Este término hace referencia al deseo intenso de consumir una sustancia o repetir una conducta.
En ocasiones se experimenta como una urgencia difícil de ignorar.
La persona puede comenzar a pensar repetidamente en el consumo.
También puede recordar sus efectos agradables o anticipar el alivio que espera conseguir.
Por ejemplo:
«Solo voy a tomar una copa».
«Esta vez apostaré poco».
«Necesito fumar para tranquilizarme».
«Después de esta semana, me lo merezco».
Estos pensamientos pueden favorecer la conducta, aunque no siempre aparecen de manera consciente.
Además, el deseo puede acompañarse de sensaciones físicas, inquietud o dificultades para concentrarse.
Sin embargo, hay algo importante que conviene comprender:
Sentir ganas de consumir no significa que tengamos que hacerlo.
El deseo es una experiencia que podemos aprender a reconocer y afrontar.
No siempre desaparece inmediatamente, pero podemos desarrollar recursos para responder de una manera diferente.
3. El consumo: la conducta se repite
En esta fase la persona consume la sustancia o realiza la conducta problemática.
Puede suceder de manera impulsiva, después de un periodo de resistencia o como resultado de una decisión aparentemente planificada.
A veces aparece la sensación de haber perdido el control.
En otras ocasiones, la persona se convence de que esta vez podrá limitarse.
Por ejemplo, alguien puede decidir beber únicamente una cerveza y terminar consumiendo mucho más de lo previsto.
Otra persona puede entrar en una aplicación de apuestas con la intención de jugar unos minutos y permanecer conectada durante horas.
No todas las personas experimentan una pérdida completa de control.
Sin embargo, las dificultades repetidas para cumplir los límites establecidos pueden constituir una señal relevante.
4. La recompensa o el alivio inmediato
Después del consumo pueden aparecer consecuencias que favorecen la repetición de la conducta.
En psicología hablamos de mecanismos de refuerzo.
El refuerzo positivo aparece cuando una conducta produce una consecuencia gratificante, como placer, excitación o euforia.
El refuerzo negativo aparece cuando una conducta permite reducir o evitar una experiencia desagradable.
Por ejemplo, una persona puede consumir alcohol porque experimenta una sensación momentánea de relajación.
Otra puede consumir una sustancia para aliviar síntomas de abstinencia.
Y alguien con problemas de juego puede seguir apostando por la expectativa de ganar o recuperar pérdidas anteriores.
En todos estos casos, las consecuencias inmediatas pueden aumentar la probabilidad de repetir la conducta.
El problema es que ese beneficio a corto plazo puede coexistir con consecuencias perjudiciales a medio y largo plazo.
5. Las consecuencias y la repetición del ciclo
Después del consumo pueden aparecer dificultades personales, emocionales, económicas, laborales o relacionales.
Quizá la persona siente culpa.
Tal vez experimenta vergüenza por haber incumplido una promesa.
O aparecen discusiones, pérdidas económicas y preocupación por las consecuencias.
En ocasiones, estas experiencias aumentan el malestar psicológico.
Y ese mismo malestar puede convertirse posteriormente en un nuevo desencadenante.
De esta manera, el ciclo vuelve a comenzar.
No obstante, conviene recordar que la culpa no aparece siempre ni es necesaria para que una adicción se mantenga.
En algunos casos, el consumo se repite fundamentalmente por hábitos, expectativas de recompensa o factores fisiológicos.
Por eso, necesitamos comprender el funcionamiento concreto de cada persona.
¿Por qué el ciclo de la adicción se repite aunque queramos cambiar?
Una de las características más desconcertantes de las adicciones es la contradicción entre nuestras intenciones y nuestro comportamiento.
Podemos estar convencidos de que queremos dejar de consumir y, aun así, volver a hacerlo.
Esto sucede porque nuestras decisiones no dependen exclusivamente de una valoración racional de las consecuencias.
También intervienen los aprendizajes previos, los hábitos, los sistemas de recompensa y las circunstancias del momento.
Además, las consecuencias inmediatas suelen tener una influencia importante sobre nuestra conducta.
Una persona puede saber que consumir cocaína le genera problemas económicos y personales.
Sin embargo, en determinadas situaciones puede anticipar sus efectos estimulantes y experimentar un deseo intenso.
De forma similar, alguien puede conocer perfectamente los riesgos del juego, pero continuar apostando por la expectativa de recuperar lo perdido.
La repetición también puede fortalecer determinados hábitos.
Con el tiempo, algunas conductas se vuelven cada vez más automáticas y pueden activarse ante situaciones concretas.
Por eso, abandonar una adicción no consiste únicamente en comprender que nos perjudica.
También implica modificar los mecanismos que contribuyen a mantenerla.
Si quieres profundizar en esta contradicción, puedes leer mi artículo ¿Por qué no puedo dejar una adicción aunque sé que me hace daño?.
El papel de las emociones en el ciclo de la adicción
En algunas personas, las emociones desempeñan un papel especialmente importante.
Por ejemplo, alguien puede haber aprendido a beber cuando siente ansiedad.
Otra persona puede recurrir al cannabis para desconectar de sus preocupaciones.
Y otra puede apostar cuando experimenta aburrimiento, frustración o soledad.
En estos casos, la conducta puede funcionar como una estrategia de regulación emocional.
El problema aparece cuando se convierte en una de las principales formas de afrontar determinadas experiencias.
Si una persona aprende que solo puede relajarse consumiendo, puede experimentar dificultades para gestionar el estrés sin recurrir a esa sustancia.
Por eso, parte del tratamiento puede consistir en desarrollar alternativas.
Aprender a reconocer nuestras emociones, tolerar el malestar y responder de manera diferente puede ayudarnos a reducir la dependencia de determinados comportamientos.
Sin embargo, es importante evitar una explicación única.
No todas las personas consumen para evitar emociones.
Las adicciones pueden tener funciones diferentes y mantenerse por múltiples factores.
¿Qué relación existe entre la abstinencia y el ciclo de la adicción?
En algunas adicciones a sustancias, la dependencia física puede contribuir a mantener el consumo.
Cuando una persona reduce o interrumpe una sustancia después de un periodo de exposición continuada, pueden aparecer síntomas de abstinencia.
Estos síntomas varían según la sustancia.
En algunos casos incluyen ansiedad, irritabilidad, dificultades para dormir o molestias físicas.
La persona puede volver a consumir para aliviar esas experiencias.
De esta manera, la reducción de los síntomas desagradables refuerza la conducta.
No obstante, la abstinencia no aparece de la misma forma en todas las adicciones.
Tampoco es necesaria para que exista un trastorno adictivo.
Por ejemplo, en la ludopatía pueden aparecer inquietud e irritabilidad cuando se intenta dejar de jugar, pero no existe una dependencia física de una sustancia.
Si quieres comprender mejor estas diferencias, puedes consultar mi artículo Adicción y dependencia: ¿son lo mismo?.
Importante: la retirada brusca del alcohol o de determinados sedantes, como las benzodiacepinas, puede provocar complicaciones graves. Cuando existe dependencia física, es fundamental contar con una valoración médica antes de interrumpir el consumo.
Cómo romper el ciclo de la adicción
Una de las ideas más importantes que quiero transmitir es que no necesitamos intervenir únicamente cuando aparece el deseo intenso.
El ciclo de la adicción ofrece diferentes momentos en los que podemos introducir cambios.
Identificar nuestros desencadenantes
El primer paso consiste en reconocer las situaciones que aumentan la probabilidad de consumir.
Podemos observar qué sucede antes del impulso.
¿Dónde estamos?
¿Qué estamos haciendo?
¿Qué sentimos?
¿Con quién nos encontramos?
¿Qué pensamientos aparecen?
Registrar estas circunstancias puede ayudarnos a reconocer patrones que antes pasaban desapercibidos.
Aprender a afrontar el deseo sin actuar inmediatamente
El deseo intenso puede resultar desagradable.
Sin embargo, podemos aprender a observarlo sin responder automáticamente mediante el consumo.
En terapia podemos trabajar estrategias para reconocer el impulso, retrasar la respuesta y dirigir nuestra atención hacia otras actividades.
También podemos utilizar técnicas de aceptación y atención plena cuando resultan adecuadas.
El objetivo no es luchar constantemente contra cada pensamiento.
Es desarrollar una relación diferente con el deseo y ampliar nuestra capacidad de elección.
Modificar el entorno
En ocasiones, la intervención más eficaz consiste en reducir la exposición a situaciones de riesgo.
Por ejemplo, evitar temporalmente determinados contextos de consumo.
En problemas de juego puede ser útil recurrir a herramientas de autoexclusión y limitación del acceso a las apuestas.
También puede resultar importante reorganizar rutinas o pedir apoyo a personas de confianza.
Estas estrategias no sustituyen el trabajo psicológico, pero pueden facilitarlo.
Desarrollar nuevas formas de afrontar el malestar
Cuando una conducta adictiva cumple una función emocional, necesitamos encontrar alternativas.
Por ejemplo, aprender a gestionar la ansiedad sin recurrir al alcohol.
O afrontar el aburrimiento sin apostar.
También puede ser importante recuperar actividades que proporcionen satisfacción y sentido.
No se trata únicamente de eliminar una conducta.
Necesitamos construir una vida en la que existan otras formas de experimentar bienestar.
Trabajar los pensamientos que favorecen el consumo
En ocasiones aparecen interpretaciones que aumentan el riesgo de repetir la conducta.
Por ejemplo:
«Por una vez no pasa nada».
«Esta vez lo controlaré».
«Ya he fallado, así que da igual seguir consumiendo».
«Necesito hacerlo para encontrarme mejor».
En terapia podemos aprender a identificar estos pensamientos y valorar hasta qué punto se ajustan a nuestra experiencia.
El objetivo no es sustituirlos por frases positivas artificiales.
Es desarrollar una perspectiva más realista y flexible.
Prepararnos para las situaciones de riesgo
La prevención de recaídas implica anticipar circunstancias que pueden dificultar el cambio.
Podemos identificar señales tempranas, elaborar respuestas alternativas y establecer apoyos.
Por ejemplo, una persona que sabe que determinados encuentros sociales aumentan sus ganas de consumir puede preparar previamente cómo afrontarlos.
También podemos trabajar qué hacer si aparece un episodio de consumo.
Tener un plan puede reducir la probabilidad de que una dificultad puntual se convierta en una repetición prolongada del patrón.
¿Qué ocurre si vuelvo a consumir?
Una recaída puede resultar especialmente dolorosa.
Después de semanas o meses de esfuerzo, la persona puede sentir que ha perdido todo lo conseguido.
Sin embargo, desde una perspectiva terapéutica, resulta importante analizar lo sucedido sin convertirlo en una condena personal.
Podemos preguntarnos qué desencadenó el consumo.
Qué señales aparecieron.
Qué recursos no resultaron suficientes.
Y qué necesitamos modificar para afrontar situaciones similares.
Esto no significa que una recaída carezca de importancia.
Puede implicar riesgos graves, especialmente con determinadas sustancias.
Después de un periodo de abstinencia, la disminución de la tolerancia puede aumentar el riesgo de sobredosis si se retoman cantidades consumidas anteriormente.
Por eso, el abordaje debe incluir una valoración de la seguridad y de las necesidades de atención.
Una recaída no tiene por qué borrar los avances anteriores, pero sí merece ser comprendida y atendida.
Un ejercicio práctico para comprender tu propio ciclo
Si reconoces alguna de estas situaciones, te propongo un ejercicio sencillo de observación.
Durante varios días, puedes registrar cinco aspectos:
1. Situación: ¿Qué estaba ocurriendo antes de sentir ganas de consumir?
2. Pensamientos: ¿Qué te decías en ese momento?
3. Emociones y sensaciones: ¿Qué sentías emocional y físicamente?
4. Conducta: ¿Qué hiciste finalmente?
5. Consecuencias: ¿Qué ocurrió inmediatamente después y cómo te encontraste más tarde?
Por ejemplo:
Una persona llega a casa después de una discusión.
Piensa: «No puedo más, necesito desconectar».
Experimenta ansiedad y tensión.
Decide beber.
Durante un tiempo siente alivio, pero posteriormente duerme mal y se preocupa por haber vuelto a consumir.
Este registro permite identificar relaciones entre situaciones, pensamientos, emociones y conductas.
No pretende sustituir una evaluación profesional.
Sin embargo, puede servir como punto de partida para comprender mejor el patrón.
Y, sobre todo, para descubrir dónde podemos comenzar a introducir cambios.
¿Cómo trabajamos el ciclo de la adicción en psicoterapia?
En mi consulta, uno de los primeros objetivos consiste en comprender cómo funciona el problema en tu situación particular.
No todas las personas consumen por las mismas razones.
Tampoco todas experimentan los mismos desencadenantes ni las mismas dificultades.
Por eso, considero fundamental realizar una evaluación individualizada.
Podemos explorar cuándo comenzó el consumo, cómo ha evolucionado y qué consecuencias está teniendo.
También podemos identificar los momentos en los que aparece el deseo y los factores que favorecen su repetición.
A partir de ahí, podemos trabajar estrategias para modificar hábitos, afrontar situaciones de riesgo y desarrollar recursos psicológicos.
Dependiendo del caso, el tratamiento puede incorporar intervenciones cognitivo-conductuales, entrevista motivacional y prevención de recaídas.
Cuando existen necesidades médicas, también puede resultar necesaria la coordinación con otros profesionales sanitarios.
Puedes conocer más sobre mi trabajo en adicciones y conductas compulsivas en Vitoria-Gasteiz.
Más allá del consumo: recuperar nuestra capacidad de elegir
Desde mi enfoque integrativo, humanista y existencial, considero que comprender el ciclo de la adicción es importante, pero no suficiente.
También necesitamos preguntarnos qué lugar ha llegado a ocupar esa conducta en nuestra vida.
Quizá hemos dejado de dedicar tiempo a actividades importantes.
Tal vez algunas relaciones se han deteriorado.
O puede que hayamos comenzado a organizar nuestras decisiones alrededor del consumo.
En estas circunstancias, la adicción puede reducir progresivamente nuestra sensación de libertad.
Por eso, en terapia no me interesa únicamente que desaparezca una conducta.
También quiero que podamos recuperar autonomía, responsabilidad personal y conexión con aquello que realmente valoramos.
En ocasiones, esto implica reconstruir hábitos.
Otras veces supone aprender a relacionarnos de manera diferente con nuestras emociones.
Y también puede requerir afrontar conflictos, pérdidas o dificultades que habían quedado relegadas.
Romper el ciclo de la adicción no significa simplemente dejar de repetir una conducta. También significa abrir espacio para una forma diferente de vivir.
Psicólogo para adicciones en Vitoria-Gasteiz y terapia online
Si sientes que estás atrapado en un patrón de consumo que se repite, no necesitas esperar a que las consecuencias sean todavía mayores para pedir ayuda.
Quizá has intentado dejarlo varias veces.
Tal vez consigues mantener el cambio durante un tiempo, pero después vuelves a consumir.
O puede que todavía no tengas claro si tu situación constituye una adicción.
En Lacalle Psicología podemos comenzar comprendiendo qué está ocurriendo, sin juicios ni etiquetas precipitadas.
Ofrezco psicoterapia presencial en Vitoria-Gasteiz y atención online.
Mi trabajo se orienta a comprender los factores que mantienen las conductas adictivas y desarrollar estrategias que permitan recuperar progresivamente el control y la autonomía.
Puedes consultar mi servicio de psicología para adicciones y conductas compulsivas.
El ciclo de la adicción puede interrumpirse
Cuando una conducta se ha repetido durante mucho tiempo, podemos llegar a sentir que siempre terminaremos haciendo lo mismo.
Sin embargo, los patrones aprendidos pueden modificarse.
No necesariamente de forma rápida.
Ni sin dificultades.
Pero sí mediante un proceso en el que comprendamos qué mantiene el problema y aprendamos nuevas formas de responder.
Reconocer los desencadenantes, afrontar el deseo, modificar hábitos y construir alternativas son pasos importantes.
También lo es comprender que una dificultad no define nuestra identidad.
No somos únicamente aquello que repetimos. También somos nuestra capacidad de aprender, cambiar y construir decisiones diferentes.
Y ese proceso puede comenzar mucho antes de sentir que hemos tocado fondo.