Ataque de ansiedad: síntomas, causas y qué hacer cuando aparece

Introducción

«Pensé que me estaba dando un infarto.»

Es una de las frases que más escuchan los profesionales cuando una persona sufre un ataque de ansiedad por primera vez.

El corazón comienza a latir con fuerza. La respiración se acelera. Aparece una intensa sensación de ahogo, mareo o falta de aire. Las manos pueden temblar, el pecho se oprime y una idea invade la mente:

«Me está pasando algo muy grave.»

En ese momento resulta difícil creer que todos esos síntomas puedan deberse a la ansiedad. De hecho, muchas personas acuden a Urgencias convencidas de que están sufriendo un problema cardíaco o una enfermedad grave.

Sin embargo, tras las pruebas médicas, es frecuente escuchar una frase que genera alivio, pero también desconcierto:

«No tienes ningún problema físico. Lo que has sufrido ha sido un ataque de ansiedad.»

Aunque popularmente hablamos de ataque de ansiedad, el término técnico utilizado en psicología y psiquiatría es ataque de pánico. En la práctica, ambas expresiones suelen utilizarse para describir una experiencia muy intensa de miedo acompañada de síntomas físicos y psicológicos que aparecen de forma brusca.

La buena noticia es que, aunque un ataque de ansiedad puede resultar extremadamente angustiante, no significa que estés perdiendo el control, que te estés volviendo loco o que vayas a morir.

Comprender qué está ocurriendo es el primer paso para dejar de temerlo.

En este artículo descubrirás qué es un ataque de ansiedad, cuáles son sus síntomas, por qué aparece y qué puedes hacer cuando sucede.

¿Qué es un ataque de ansiedad?

Un ataque de ansiedad es un episodio de miedo intenso que aparece de forma repentina y alcanza su máxima intensidad en pocos minutos.

Durante ese tiempo, el organismo activa el mismo sistema de supervivencia que utilizaría si existiera un peligro real e inmediato. El cerebro interpreta que hay una amenaza y pone en marcha una respuesta automática diseñada para protegernos.

Como consecuencia, el cuerpo libera adrenalina y otras sustancias que preparan al organismo para luchar, huir o ponerse a salvo.

El problema es que, en un ataque de ansiedad, esa alarma suele activarse cuando no existe un peligro físico real.

La persona siente un miedo intensísimo, acompañado de síntomas muy llamativos, aunque objetivamente no haya nada que amenace su vida en ese momento.

Esta diferencia entre lo que el cuerpo siente y lo que realmente está ocurriendo explica por qué la experiencia puede resultar tan aterradora.

No es extraño que quien la vive por primera vez piense que está sufriendo un infarto, un ictus o que va a perder el conocimiento.

Sin embargo, aunque la sensación sea muy intensa, un ataque de ansiedad no produce un infarto ni provoca la muerte por sí mismo.

¿Por qué aparece un ataque de ansiedad?

Esta es una de las preguntas más habituales.

Y la respuesta es que no existe una única causa.

En muchas ocasiones el ataque de ansiedad es el resultado de un periodo prolongado de estrés, preocupación o tensión emocional.

Es como una olla a presión.

Durante semanas o meses vamos acumulando exigencias, responsabilidades, conflictos o preocupaciones sin detenernos a escuchar cómo nos encontramos.

El organismo puede soportar esa carga durante un tiempo.

Pero llega un momento en el que el sistema de alarma se activa con una intensidad desproporcionada.

En otras ocasiones, el ataque aparece sin un desencadenante evidente.

La persona puede estar viendo una película, conduciendo o paseando cuando, de repente, comienza a notar que el corazón se acelera y la sensación de miedo aumenta rápidamente.

Eso no significa que el ataque haya surgido «de la nada».

Significa que existen procesos internos —muchas veces inconscientes— que el sistema nervioso interpreta como una señal de amenaza.

¿Cuáles son los síntomas de un ataque de ansiedad?

Cada persona experimenta un ataque de ansiedad de una forma diferente. Algunas sienten principalmente síntomas físicos. Otras describen una sensación de miedo tan intensa que creen que van a perder el control o morir.

Aunque la experiencia puede variar, existen una serie de síntomas que aparecen con mucha frecuencia.

Palpitaciones o sensación de que el corazón late con mucha fuerza

Probablemente sea el síntoma que más asusta.

Muchas personas sienten que el corazón va demasiado rápido o demasiado fuerte y piensan inmediatamente que están sufriendo un problema cardíaco.

Sin embargo, durante un ataque de ansiedad el corazón simplemente está respondiendo a la liberación de adrenalina. Su función consiste en preparar al organismo para reaccionar con rapidez ante una posible amenaza.

Aunque resulte muy desagradable, ese aumento de la frecuencia cardíaca no significa necesariamente que exista un problema en el corazón.

Sensación de falta de aire o dificultad para respirar

Es habitual sentir que cuesta llenar los pulmones o que el aire «no entra».

Paradójicamente, en muchas ocasiones el problema no es que falte oxígeno, sino justo lo contrario.

La respiración se vuelve rápida y superficial, modificando el equilibrio normal entre oxígeno y dióxido de carbono. Ese cambio puede favorecer la aparición de mareo, hormigueo o sensación de irrealidad.

Cuanto más intentamos respirar profundamente para controlar esa sensación, más pendientes estamos de ella y más ansiedad suele aparecer.

Por eso, uno de los objetivos en terapia es aprender a relacionarse con la respiración de una forma más tranquila, sin convertirla en un motivo más de preocupación.

Opresión o dolor en el pecho

La tensión muscular y la activación del organismo pueden provocar molestias en el pecho que muchas personas interpretan como un infarto.

Es comprensible que aparezca ese miedo.

No obstante, cuando las pruebas médicas descartan una enfermedad física, suele tratarse de una manifestación más de la ansiedad.

Comprender este mecanismo ayuda a disminuir el miedo que muchas personas desarrollan hacia las propias sensaciones corporales.

Mareo o sensación de desmayo

Otro síntoma muy frecuente es la sensación de que uno va a perder el conocimiento.

Curiosamente, durante un ataque de ansiedad es mucho menos frecuente desmayarse de lo que la mayoría imagina.

Lo que suele producirse es una intensa sensación de inestabilidad derivada de la activación del sistema nervioso y de los cambios en la respiración.

Aunque resulte muy desagradable, normalmente no implica un peligro real.

Hormigueo en manos, pies o cara

Muchas personas describen un cosquilleo intenso en las extremidades o alrededor de la boca.

Este síntoma suele relacionarse con los cambios respiratorios que acompañan a la ansiedad y, aunque puede resultar alarmante, también forma parte de la respuesta fisiológica del organismo.

Sensación de irrealidad o de estar desconectado

Algunas personas sienten que todo parece extraño, como si estuvieran viendo una película o como si el mundo que les rodea no fuera completamente real.

Otras describen la sensación de estar separadas de sí mismas o de observarse desde fuera.

Estas experiencias reciben el nombre de desrealización y despersonalización.

Aunque puedan generar mucho miedo, no significan que la persona esté perdiendo el juicio ni desarrollando un problema psicótico.

Son respuestas que pueden aparecer cuando el organismo se encuentra sometido a un nivel muy elevado de ansiedad.

Miedo intenso a morir, volverse loco o perder el control

Quizá este sea el síntoma que más sufrimiento genera.

Durante un ataque de ansiedad muchas personas están convencidas de que algo terrible va a ocurrir.

Temen sufrir un infarto.

Perder el conocimiento.

Volverse locas.

No volver a ser las mismas.

Sin embargo, precisamente esa interpretación catastrófica alimenta todavía más la respuesta de ansiedad.

Cuando comprendemos qué está ocurriendo realmente, ese círculo comienza poco a poco a debilitarse.

¿Un ataque de ansiedad puede confundirse con un infarto?

Sí.

Y de hecho ocurre con bastante frecuencia.

Los síntomas pueden parecer muy similares:

  • dolor u opresión en el pecho;
  • dificultad para respirar;
  • sudoración;
  • palpitaciones;
  • sensación de muerte inminente.

Por ese motivo, si una persona presenta por primera vez este tipo de síntomas o existen dudas sobre su origen, es importante buscar atención médica para descartar una causa física.

Una vez descartado un problema médico, muchas personas descubren que aquello que vivieron fue un ataque de ansiedad.

Ese diagnóstico suele producir dos emociones muy distintas.

Por un lado, alivio.

Por otro, una nueva preocupación:

«¿Y si vuelve a pasar?»

Y precisamente ese miedo a que se repita puede convertirse en uno de los factores que mantienen el problema.

¿Qué hacer durante un ataque de ansiedad?

Cuando un ataque de ansiedad aparece, lo primero que suele ocurrir es que intentamos luchar contra él.

Queremos que desaparezca cuanto antes.

Intentamos controlar la respiración.

Buscamos desesperadamente una explicación.

Nos convencemos de que algo muy grave está sucediendo.

Sin embargo, cuanto más intentamos eliminar el miedo de forma inmediata, más atención prestamos a las sensaciones físicas y más intenso puede llegar a sentirse el ataque.

Aunque resulte difícil en ese momento, existen algunas estrategias que pueden ayudarte a atravesar la experiencia con mayor seguridad.

1. Recuerda que, aunque la sensación sea muy intensa, pasará

Durante un ataque de ansiedad es habitual pensar que nunca terminará.

Sin embargo, los ataques de ansiedad tienen un inicio, un pico de intensidad y un descenso progresivo.

Tu organismo no puede mantenerse indefinidamente en ese nivel de activación.

Recordarte que se trata de una respuesta temporal puede disminuir el miedo que alimenta el propio ataque.

No significa que deje de ser desagradable.

Significa que tu cuerpo terminará regulándose.

2. No luches contra las sensaciones

Uno de los errores más frecuentes consiste en intentar eliminar inmediatamente cada síntoma.

Cuanto más comprobamos si el corazón late demasiado rápido o si respiramos correctamente, más atención prestamos a esas sensaciones y mayor importancia les da nuestro cerebro.

En lugar de preguntarte constantemente:

«¿Y si esto empeora?»

Puede resultar más útil decirte:

«Sé lo que está ocurriendo. Mi cuerpo está activando una respuesta de ansiedad. Aunque resulte muy incómoda, terminará pasando.»

Aceptar una emoción no significa resignarse a ella.

Significa dejar de añadir una segunda capa de miedo sobre lo que ya estás sintiendo.

3. Permite que la respiración vuelva a su ritmo

Muchas personas intentan realizar respiraciones muy profundas durante un ataque de ansiedad.

En algunos casos eso puede aumentar todavía más la sensación de mareo.

En lugar de obsesionarte con respirar «perfectamente», intenta simplemente ralentizar el ritmo poco a poco.

No necesitas llenar completamente los pulmones.

Solo permitir que la respiración recupere su cadencia de forma natural.

4. Evita interpretar cada sensación como una amenaza

La ansiedad tiene una característica muy particular.

Hace que nuestro cerebro se convierta en un experto buscando peligros.

Cada palpitación.

Cada mareo.

Cada pequeña molestia.

Todo parece confirmar que algo terrible está ocurriendo.

Sin embargo, una vez descartadas causas médicas importantes, esas sensaciones suelen formar parte del propio funcionamiento de la ansiedad.

Comprenderlo ayuda a romper el círculo del miedo.

Lo que NO conviene hacer

Existen algunas estrategias que alivian durante unos minutos, pero que a largo plazo suelen mantener el problema.

Evitar continuamente las situaciones que producen miedo

La evitación proporciona un alivio inmediato.

Pero también enseña al cerebro que realmente existía un peligro.

Con el tiempo, el número de situaciones evitadas suele aumentar.

Buscar constantemente tranquilidad

Preguntar repetidamente a familiares o amigos si todo está bien.

Buscar síntomas en Internet.

Tomarse el pulso una y otra vez.

Comprobar la tensión arterial.

Aunque estas conductas tranquilicen momentáneamente, suelen alimentar la ansiedad a largo plazo.

Pensar que estás perdiendo el control

Una de las mayores paradojas es que las personas que más miedo tienen a «volverse locas» durante un ataque de ansiedad prácticamente nunca están perdiendo el contacto con la realidad.

Lo que están viviendo es una respuesta muy intensa de su sistema de alarma.

Comprender esta diferencia suele reducir mucho el miedo.

¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

No es necesario esperar a que aparezcan ataques de ansiedad frecuentes para acudir a terapia.

Es recomendable pedir ayuda cuando:

  • los ataques comienzan a repetirse;
  • empiezas a evitar lugares o situaciones por miedo a que vuelvan a aparecer;
  • la preocupación por sufrir otro ataque condiciona tu vida;
  • la ansiedad afecta a tu trabajo, tus relaciones o tu descanso;
  • sientes que cada vez necesitas hacer más esfuerzos para controlar el miedo.

Cuanto antes comprendas qué está ocurriendo, más sencillo suele resultar romper el círculo de la ansiedad.

👉 Si todavía tienes dudas sobre si ha llegado el momento de pedir ayuda, puede interesarte leer también mi artículo «¿Cuándo acudir a un psicólogo por ansiedad? 10 señales para saberlo«

¿Cómo puede ayudarte la psicoterapia?

El objetivo de la terapia no consiste únicamente en reducir los síntomas.

También busca comprender qué está manteniendo la ansiedad y ayudarte a desarrollar recursos para afrontar la vida con mayor serenidad.

En consulta trabajamos aspectos como:

  • comprender el funcionamiento de la ansiedad;
  • regular las emociones;
  • identificar pensamientos que alimentan el miedo;
  • disminuir la evitación;
  • fortalecer la confianza en uno mismo;
  • recuperar una vida guiada por tus valores y no por la ansiedad.

👉 Si quieres conocer con más detalle cómo entiendo el tratamiento de la ansiedad, puedes leer mi artículo «Psicólogo para la ansiedad en Vitoria: cómo recuperar la calma cuando tu mente no descansa«

Preguntas frecuentes

¿Un ataque de ansiedad puede durar horas?

Lo habitual es que el pico máximo dure entre 10 y 30 minutos, aunque la sensación de agotamiento o preocupación puede prolongarse más tiempo.

¿Es peligroso un ataque de ansiedad?

Aunque la experiencia es muy intensa, un ataque de ansiedad no suele ser peligroso por sí mismo. No obstante, si es la primera vez que aparecen estos síntomas o existen dudas sobre su origen, es importante buscar atención médica para descartar otras causas.

¿Puede volver a repetirse?

Sí. Especialmente cuando la persona desarrolla miedo a sufrir otro ataque. Precisamente por eso es importante comprender qué está ocurriendo y aprender estrategias para romper ese círculo.

¿Tiene tratamiento?

Sí. La psicoterapia ha demostrado ser eficaz para muchas personas que sufren ataques de ansiedad, ayudándolas a comprender el problema y a recuperar su calidad de vida.

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¿Necesitas ayuda?

Si los ataques de ansiedad están limitando tu vida o sientes que el miedo a que vuelvan a aparecer condiciona tu día a día, no tienes por qué afrontarlo en soledad.

Puedes conocer con más detalle cómo trabajo en mi consulta visitando la página de Servicios o, si lo prefieres, ponerte en contacto conmigo para resolver cualquier duda.

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